De Interés: comprar momentos felices (María Elena Araujo Torres)

María Elena Araujo Torres

Entre menos objetos materiales se tienen se pudiera ser más feliz. Quienes buscan estados de tranquilidad, paz, en contraposición a la guerra, el odio y la maldad, seguramente estarán de acuerdo en la premisa planteada, en virtud de que pareciera justamente que el poseer cosas es uno de los principales detonantes de los apegos, la ambición, envidia, entre otros males.
Y no es que obtener bienes materiales sea malo, es incluso necesario para cubrir necesidades personales, familiares, de interacción social, lo nocivo es cuando se prioriza lo material por encima de la esencia en las relaciones humanas, cuando es más importante darle ropa costosa, juguetes de última generación, a un niño, que adecuada alimentación, compañía, amor verdadero.
Hay quienes creen que amar a un niño es mantenerlo vestido con ropa de moda para que la gente vea que tiene bastante vestimenta y calzado de marca, regalarle juguetes importados comprados con moneda extranjera de alta denominación. Ropa que usualmente usan muy poco por estar en proceso de acelerado crecimiento y juguetes que por cantidad y complejidad suelen arrinconar después de jugar brevemente solo por la novedad. Hacer estos regalos tampoco es negativo, el caso es que paralelamente suele privárseles de verdaderas relaciones afectivas, de auténtica comunicación, de respeto, de ofrecerles educación familiar no basada en sermones verbales sino a través del ejemplo, sin contradecir lo que se dice con lo que se hace.
Por la globalidad, la abundante diversidad de medios de comunicación que obviamente incluyen las redes sociales, las supuestas necesidades de bienes materiales se han producido en un gigantesco laboratorio inmerso en una especie de medusa hipnótica generadora de conductas que propenden al consumo continuo, y en muchos casos desmedido, de productos y objetos (desde los más simples hasta los más complejos) que mayormente son innecesarios.
El caso es que se crea la necesidad de consumo bajo los conceptos de estar a la moda, de ser único, especial, diferente a los demás, con clase, prestigio, de alto nivel, aunque estos términos sirvan sólo para fortalecer el ego de quienes suelen carecer de afectos verdaderos, sobre todo de afectos generados en el seno familiar. Si tengo un carro muy caro entonces me siento poderoso porque cualquiera no puede tenerlo. Si luzco ropa exclusivamente de marca, sofisticada, de reconocidos diseñadores (si son extranjeros mejor) entonces tengo clase, prestigio que desconocen quienes solo visten ropa elaborada en lotes o con telas comunes.
Tristemente la realidad es otra, pues para nadie es un secreto que la mayoría de los momentos felices no se fabrican, son espontáneos, producto más bien de los verdaderos afectos nacidos en el entorno familiar. Esa es la base, lo demás viene por añadidura, pues quienes tienen la fortuna de nacer entre familias donde se hace el esfuerzo por brindar verdadero amor entre sus miembros, suelen tener las herramientas para sortear momentos gratos o ingratos a lo largo de su vida y en cualquier contexto. No necesitan demostrar ser mejores que nadie, ni competir para sentirse mejor que los demás. Los más avanzados son imperturbables ante la crítica negativa o el halago adulante, pues sencillamente no buscan aplausos y en consecuencia entienden la perfidia como conductas propias de quienes justamente carecen de cariño en su entorno.
Se ha aprendido a buscar la felicidad en los bienes materiales, medir a las personas por la ropa que visten, el carro que tengan, la vivienda que habiten y el dinero que manejen, cuando todo lo obtenido para vivir son meros artificios que adquieren verdadera valía cuando quienes los poseen o no, priorizan el amor verdadero como modo de vida.
María Elena Araujo Torres

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