Psicólogos aseguran que ir mucho al gimnasio no siempre es bueno

No hay duda de que el deporte es saludable y que sentirnos a gusto con nuestro cuerpo juega un papel clave en nuestra autoestima y nuestro bienestar. Ahora bien, la cosa cambia si para conseguirlo necesitas machacarte horas y horas en el gimnasio, dependes de tu entrenamiento diario para sentirte bien o te preocupas excesivamente por tus músculos.

Si te ves reflejado en alguna de estas afirmaciones, es posible que hayas convertido el deporte en una adicción. A continuación te contamos en qué consiste la obsesión por el ejercicio físico o vigorexia, cuáles son sus síntomas y cómo puedes volver a disfrutar del deporte de una forma saludable.

“La vigorexia es un trastorno psicofisiológico en el que la persona se obsesiona por su estado físico hasta niveles patológicos. Estas personas tienen una visión distorsionada de ellos mismos y se ven débiles y enclenques. Por este motivo, el trastorno incide directamente sobre su conducta alimentaria y sus hábitos de vida, y se caracteriza por realizar una actividad física extrema, abandonando las relaciones sociales y descuidando otros aspectos de su vida para dedicar su tiempo a entrenar”, explica Alejo García-Naveira, coordinador del Grupo de Trabajo de Psicología del Deporte del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.

Además de riesgos potenciales para la salud, en los casos más extremos, además, puede implicar el “consumo abusivo de sustancias como esteroides anabolizantes para aumentar la masa muscular, con los riesgos añadidos para la salud que esto conlleva”, añade Gemma Figueras, psicóloga clínica del Institut Barcelona de Psicología.

Perfeccionistas y personas que están pasando una mala racha

Aunque la incidencia de mujeres con vigorexia está aumentado, “en líneas generales se trata de un trastorno más frecuente en hombres de entre 18 a 35 años”, señala García-Naveira. También, según el experto, corremos más riesgos de caer en esta adicción al deporte si nos caracterizamos por una personalidad obsesiva, somos excesivamente perfeccionistas, tenemos una baja autoestima y estamos atravesando problemas emocionales en nuestras relaciones personales o profesionales.

En esta línea, la psicóloga Gemma Figueras apunta que “es común que las personas que están viviendo un periodo de estrés a causa de una ruptura sentimental, problemas familiares o dificultades en el trabajo, se refugien en el ejercicio físico como forma de evadirse de estas situaciones de mucha tensión”.

Asimismo, advierte Figueras, nos hace más vulnerables a la vigorexia el haber sufrido burlas o discriminación por el aspecto físico durante la infancia o la adolescencia. Finalmente, tampoco debemos olvidar la influencia que pueden ejercer los cánones de belleza y la presión social sobre las personas con factores de riesgo.

Aunque se trate de un problema de distorsión de la imagen corporal (la persona necesita realizar ejercicio físico para conseguir el cuerpo deseado y si no lo realiza, se siente culpable), en la vigorexia también interviene “el hecho de que cuando practicamos deporte segregamos endorfinas y esto nos produce una sensación de bienestar. Por lo tanto, la persona se engancha al ejercicio por ambos motivos: por su obsesión por el físico y por buscar las sensaciones que experimenta después de practicar deporte”, aclara Gemma Figueras.

Agencias

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