De Interés: cambiar nuestro destino (María Elena Araujo Torres)

María Elena Araujo Torres

Aunque nadie sabe qué pasará en los próximos minutos, días, meses o años también es cierto que el mayor porcentaje de los eventos será el resultado del comportamiento, actitud, acción, ejecutada hoy, en lo que llamamos presente. Así serán los resultados de ese futuro que tanto planificamos o esperamos, efectos en consecuencia.

Indica entonces que el destino sería la decisión que tomemos hoy respecto a nuestra vida.  Esto aplica individual y en colectivo. Repetimos lo mil veces dicho, somos responsables de todo lo que ocurra mientras estemos vivos, y aunque muchos crean que no, también responsables de todo lo que ocurra alrededor, con las eventuales variantes de la naturaleza contra quien nadie ha podido festejar un triunfo.

La responsabilidad sobre el destino de la vida es ancestral, con cada decisión o acción tomada y ejecutada. Sin irnos muy lejos, sabemos que cada modo de vida es una especie de herencia inoculada desde que nacemos. Si tenemos madre, padre, hermanos biológicos o no. O si no los tenemos o desconocemos. A medida que avanzamos por la niñez, adolescencia y adultez, vamos asumiendo y tomando decisiones relacionadas con ese entorno que marcan definitivamente nuestro destino, aun ignorando que así es.

Desconocer las leyes de la naturaleza y su afectación sobre cada vida no hace a alguien inmune sobre sus consecuencias. Ignorar incluso las leyes establecidas por los hombres a lo largo de las historias no salva a nadie de su aplicación cuando se han infringido. Por eso, estemos conscientes o no, seremos responsables de nuestro destino.

Ya lo hemos referido antes, pero es menester repetirlo. Respecto a nuestra propia salud somos responsables de la mayoría de las enfermedades que nos acusan a lo largo de nuestra vida. Primero son responsables los adultos a cargo, luego, al despertar como ser pensante y analítico, con tantos recursos disponibles para aprender, entonces asumimos las riendas de nuestra vida, ya sea que vivamos en espacios donde la tecnología aún no ha invadido todos los espacios o donde precisamente se ha hecho tan cotidiana como imprescindible.

La referencia a la buena o mala salud como decisión personal y colectiva, es base importante para definir nuestro destino. Muchas veces culpamos a nuestros antecesores de habernos heredado enfermedades, pero aunque así pueda ser por razones biológicas también sabemos que al cambiar hábitos nocivos por prácticas sanas podemos librarnos de esas amenazantes adquisiciones. Sin embargo, pareciera que es más fácil conformarse y continuar ingiriendo comidas nocivas, alimentando vicios que sabemos son hartamente dañinos para el organismo y repitiendo conductas negativas a sabiendas del daño generado o a somatizar.

En cuanto a las relaciones de pareja, amigos, laborales, religiosas, indudablemente somos quienes escogemos por afinidad o diferencias a quienes estarán en nuestro círculo o fuera, suscribiendo nuestro destino indefectiblemente. Jamás otra persona es responsable o culpable de los altibajos en nuestra vida. Aunque haya múltiples factores que influyan en nuestro libre albedrío sólo nosotros tenemos el poder de decidir qué pensar o hacer, cómo hacerlo, de qué manera y con quienes.

En cuanto a que también somos responsables del destino global, de los eventos cotidianos en los espacios geográficos sociales dónde vivimos, donde interactuamos, indudablemente es producto de las decisiones colectivas, donde diferentes o iguales grupos etarios, coterráneos, religiosos, ocupacionales, son quienes deciden  su destino. Lo deciden con acciones o no, con decisiones colectivas, con la forma en que asumen sus espacios naturales, su relación con otros seres vivos y con la aceptación o no de situaciones que les afecte positiva o negativamente.

Tenemos destinos individuales y colectivos. Cada quien con su libre albedrío es responsable. Nadie define el destino de nadie, son decisiones  que se van perfilando, acorde con la conciencia que tengamos de ello y  la forma en que decidamos labrarlo. Podemos dejar de hacer, desentendernos y también así estaremos decidiendo. También hacer, buscar la verdad y empezar la praxis integral de cuerpo mente y espíritu para cambiar nuestro destino.

María Elena Araujo Torres

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