Navidad, la época alegre más triste del año

 

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La Navidad aflora emociones y la tristeza y la nostalgia también son parte de ellas. Foto referencial.

Todos hemos visto alguna vez a una abuela alegre y animada para arreglar la casa con la fiesta decembrina y, sin embargo, luego apartarse un poco cabizbaja en Noche Buena cuando una lágrima recorre su rostro ante cada abrazo de “Feliz Navidad”.

Quizás muchos no entendamos esta actitud de la abuela hasta que esa viejita deja de estar y somos nosotros los que sentimos nostalgia al ver su mecedora arrimada y vacía la noche de cada Navidad.

La verdad es que la Navidad es una época caracterizada por aflorar emociones y la tristeza y la nostalgia también son parte de ellas.

“Tendemos a pensar que en la Navidad todo es alegría, pero no es así, es una época de unión familiar amistad donde se recuerda a aquellas personas que ya no están bien sea porque se fueron al cielo o porque están en tierras lejanas”, señala la orientadora familiar Beatriz Zambrano.

No podemos evitar pensar en otras navidades cuando aparentemente estábamos más completos y felices. “Aquí juega mucho también la creencia de que todo tiempo pasado fue mejor. Hacemos comparaciones y obviamente nunca seremos más felices que aquel niño para el que toda la dicha del mundo giraba en torno a una bicicleta nueva o aquella pequeña emocionada ante la muñeca dejada bajo el árbol”, agrega Zambrano.

Es una época de fiesta, pero también de derroche y consumismo, donde la comida, los regalo y los estrenos forman parte de la tradición de compartir.

Mientras algunos celebran con entusiasmo, otros pasan un mal momento económico y no se pueden permitir participar en el derroche, solo quisieran cerrar los ojos y abrirlos una vez haya transcurrido. La Navidad es así, época de contrastes y contradicciones.

La situación económica que atraviesa Venezuela juega a incrementar la nostalgia en esta época. El psiquiatra zuliano, Nerio Soto Mosquera asegura que las emociones negativas son muy frecuentes en estas fechas cuando hay escasez de dinero, de productos, incremento de inseguridad y fallas de medicinas que han mermado la salud y cuando muchos han perdido a un ser querido por estas causas. También la lejanía del hogar afecta en medio de una situación donde muchas personas han decidido emigrar.

“Más que de tristeza común, se puede caer en depresión como tal. Muchas veces a nosotros no nos toca palpar de cerca la miseria, pero el solo hecho de oír y ver lo que les pasa a otros es suficiente para atormentarnos. La tristeza que nos embarga parece muy antagónica a lo que se llama una fiesta, palabra relacionada con alegría, felicidad, compras, comida y excesos. No parece haber motivos para celebrar y sentir alegría”, expone Soto.

Para muchos suponen el final del año, donde de forma más o menos consciente hacen un balance sobre lo transcurrido. Dependiendo del resultado algunos considerarán que ha sido un año negativo: pérdida, fallas o fracasos, duelo, separación y desempleo.

Los especialistas aseguran que una de las maneras de “sobrevivir” a las fechas es recordar que no tenemos que seguir un patrón establecido de celebración, no hay una regla a seguir, cuantas más expectativas se forme una persona, más frustraciones se sentirá. Al final lo importante no es una mesa decorada, ni un buen vestido. El contacto humano es el que aporta las mayores satisfacciones.

Otro de los problemas que se presenta de acuerdo con el Soto Mosquera es que muchas personas acuden al alcohol en un intento de borrar los recuerdos, como si se trata de una especie de anestesia para olvidar, desconociendo el efecto negativo de la bebida en el estado de ánimo. El alcohol es un depresor del Sistema Nervioso Central, pertenece al grupo de sedantes junto con los barbitúricos y las benzodiacepinas.

Incluso está clasificado como depresivo, lo que significa que disminuye las funciones vitales, resultando en el lenguaje mal articulado, inestabilidad de movimiento, percepciones alteradas e incapacidad para reaccionar con rapidez.

En cuanto a la forma en que afecta a la mente, el alcohol reduce la capacidad de la persona para pensar de forma racional y distorsiona su capacidad de juicio. Si una persona consume más de lo que el cuerpo puede tolerar, entonces experimentará su efecto depresivo del alcohol. Por lo cual no es recomendable “emborracharse” ni para olvidar ni para buscar la felicidad perdida en el fondo de una botella.

Es importante determinar cuál es la fuente de la tristeza. “Explorar las emociones para identificar qué evento o pensamientos provoca el estado negativo es importante en pro de buscar alternativas que te ayuden a encontrar alivio”, recomienda la psicóloga Neria Lugo.

Causas comunes de la desazón pueden ser el sentimiento de soledad, extrañar a alguien, haber experimentado una ruptura recientemente o no haber alcanzado algunas metas. Y muchas veces la persona ni siquiera pueda entender qué le pasa.

La realidad es que la Navidad se promueve como una época en la cual pensamos que debemos, casi por obligación, sentirnos muy contentos. Así es que una de las cosas que pueden incrementar el malestar es que las expectativas de felicidad sean demasiado altas, quizás hasta irreales.

“Si la causa de tu pesar es echar de menos a alguien debido a una muerte o una ruptura, saca tiempo para recordarle. Escoge un día específico para sacar fotos, videos, escuchar la música que le gustaba a ese ser querido a modo de homenaje y ritual de consuelo para ti. Es natural sentir tristeza por una pérdida o por una situación no deseada. Permítete experimentar el sentimiento como una manera de aliviarte, pero no permitas que te paralice por mucho tiempo”, ha recomendado públicamente Mary Ann Martínez, terapeuta de parejas y familias.

Los expertos aconsejan no aislarse, sino más bien reunirse para rendir homenaje en el recuerdo a quien ya no está y sentirse afortunados de haberle tenido cerca.

“Cuando no tienes con quien hablar, escribe una carta para decirle a esa persona cuánto la extrañas. Llora y ríe todo lo que necesites durante ese día. Luego, guarda todo y continúa con tu rutina”, agrega Mary Ann Martínez.

Para las personas que están lejos o que tienen seres queridos en otras tierras es bueno juntarse otras personas que experimentan situaciones similares.

Los especialistas también recomiendan consultar a un orientador o psicólogo en caso de no superar la tristeza a pesar de proponérselo.

Si se vive la Navidad desde la perspectiva física a la persona le importará en exceso la imagen, destacar con los estrenos, la imagen el maquillaje, la fachada, pero lo superficial como la palabra lo indica es muy pasajero, se esfuma rápido. Lo que llena el alma no es ni material ni lujoso.

Las personas más ricas de corazón, son las que se llevan gratos recuerdos espirituales y no las que recuerdan la belleza y cosas materiales con las que celebraron las- fiestas, así que debe procurarse la compañía de personas que llenen el alma. El mes del amor, del compartir, el de revivir y renovar la fe en Dios, es el mes de recordar el verdadero significado de la Navidad y aceptar lo que el Niño Dios, aquel mismo que nació en humilde pesebre nos ha reparado este año.

Los verdaderos creyentes la pasan mejor porque rechazan la banalización de las fiestas. El exceso de consumismo no trae la felicidad. Si se tiene dinero, se podrán comprar mejores regalos y organizar una cena estupenda, pero no tener recursos económicos no debe limitar pasar una Navidad estupenda.

Porque la mejor forma de cerrar el año es aspirando a ser, aunque sea solo por unos días, un poco felices.

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Maidolis Ramones Servet

Infografía: Karilexis Ramírez

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