De cómo descubrí quién era el Niño Jesús… y no era Santa

 

Un abuelo como Santa, qué además es gordo… ¿Con qué energía trepa los techos y viola los enrejillados para dejar los juguetes?. Foto agencias.

¿Cómo hace un bebé tan pequeño como el Niño Jesús para entrar a las casas y cargar regalos? Y un abuelo como Santa, qué además es gordo… ¿Con qué energía trepa los techos y viola los enrejillados para dejar los juguetes? Y lo más insólito aún: ¿Cómo les alcanza el tiempo para llegar puntual a todas las casas del mundo en una sola noche? Muchos han descubierto que estos amigos de la Navidad tienen sus ayudante, pero nunca les pasó por la cabeza quién estaba detrás del complot más viejo de todos los tiempos: sus propios padres.

Así fue que estos marabinos descubrieron el dulce secreto del Niño Jesús.
“El Niño Jesús no existe’, me dijo un primito en la casa. Yo tenía seis años y él era mayor y más vivo. Me dijo que me lo demostraría y me preguntó qué había pedido yo, le dije que un carro control remoto gris. Me llevó al cuarto de mi mamá, específicamente al closet y allí estaban entre una muñeca de tela que había pedido mi hermana y unas ollitas que quería mi otra hermanita. No lo podía creer. Me sentí triste por muchas cosas. Saber que mis padres eran capaces de mentirme y saber que me vieron la cara de tonto, pero sobre todo saber que no existía magia, que nadie venía volando a traerme los regalos. Lloré mucho, fue una gran decepción”, recuerda Carlos Ordoñez, de 42 años.

Las historias son variadas y las reflexiones también. “Yo odié la Navidad por mucho tiempo y me prometí que nunca engañaría a mis hijos de esa manera. Nunca les dije nada del Niño Jesús, les di sus regalos yo mismo, claro nunca cometí la maldad de hacer caer a otros niños en la verdad, respeté la posición de cada quién”, señala Rodolfo Amaya, marabino de 52 años.

A algunos padres tiende a parecerles cruel engañar a los niños, piensan que es someterlos a un desengaño inevitable, pero la orientadora familiar Beatriz Rubio considera que no está mal mantener la tradición del Niño Jesús y que, contrario a los que se puede esperar, la fantasía forma parte de los infantes y es positivo estimularlas porque los ayuda a razonar.

“Los niños viven en un mundo mágico y muchas veces los adultos no colaboramos con él, queremos mostrarle la realidad, nuestra realidad, como si la de nosotros fuera la cierta. La existencia del Niño Jesús y de Santa o los Reyes Magos es una de las pocas veces en las que los adultos son cómplices en la fantasía de los niños”, explica Rubio.

Curis Marina Abreu recuerda que cuando tenía cinco años tenía la ilusión de que su Niño Jesús salía un día antes cabalgando un camello para traerle su regalo la noche de Navidad.

“Nos dormían temprano a las 8:00 de la noche, y teníamos que ponerle agua y unas yerba porque el camello venia cansado y con sed. Nos despertaban a las 12:00 y ahí estaba el regalo, y no había ni agua ni yerba”, cuenta Curis Marina.

Pero a medida que creía en conocimiento, la niña comenzó a hacer preguntas, le intrigaba especialmente cómo era que un camello podía pasar por la puerta de su casa.

“Un día vi a mis padres bajar unos juguetes. Ese año imaginé que el Niño Jesús vendría en una carroza. Vi los mismos juguetes que había pedido entre los que bajaban mis padres. Eran también los mismos juguetes que al día siguiente me trajo el niño Jesús”, señala Curis.

Una de las historias más tristes para Navidad es quizá la que vivió Fabiola Palmar cuando era niña. “Me enteré de que no había San Nicolás pues mi papá murió hace 54 años un 24 de diciembre a las 5:35 de la tarde. Por supuesto, aunque estaba el árbol que él mismo había decorado, no los conseguí debajo como siempre el 25 en la mañana. Me los dio el 26 o 27 un tío que me dijo eran los que me había comprado mi papá. Llorando pregunté porque él y no Santa y me dijo que ya era grande para creer en eso. Tal fue mi decepción que borré de mi mente cuales fueron los regalos que recibí esa navidad. Comparto y sonrío pero desde entonces me embarga la tristeza en Navidad. He tratado todos estos años de disimular, primero por mi hija cuando era pequeña luego mis nietos y ahora mis bisnietos, pero ese recuerdo nunca se va de mi mente y han pasado años de eso pero sigue allí”, rememora Fabiola.

Juan José Napolitano lo descubrió un 23 de diciembre cuando abrió la maleta del carro de su papá y vio la flamante bicicleta que le había pedido la Niño Dios. “Me quedé callado con la idea no muy clara, pero nos fuimos a dormir y comprobé mis sospechas cuando llegó el Niño Jesús y vi la bici. Guardé silencio por muchos años porque asumí que si decía algo no me iban a traer más nada. Me parece una tradición muy bonita”.

Como bien lo explicó la orientadora Beatriz Rubio en la magia del Niño Jesús y Santa no solo están los niños, sino que también se involucran los adultos, por lo que cuando los pequeños salen con la famosa frase: “Ya sé quién es el Niño Jesús”, la angustia embarga también a los padres.

Las compañeras de trabajo se reían al ver a Lisbeth del Sol Ceballos llorar cuando recibió la llamada de su hijo mayor Javier diciéndole que ya sabía la verdad. “Aún se me salen las lágrimas, porque es perder su inocencia de niño. Yo estaba trabajando un 23 de diciembre, mi hijo tendría como 8 años. Me llamó y me dijo: ‘Mami, ya descubrí quién es el Niño Jesús’. Y yo en el teléfono no lo podía creer, lloraba preguntándole que quién era y me dijo: ‘Es mi papá, lo descubrí debajo de la cama”.

Ahora le queda la ilusión a su hijo menor, Diego de 10 años. El año pasado les hizo la gran pregunta a su esposo y a ella: “¿Es cierto que el Niño Jesús no existe?”.

– Por qué dices eso papi, le preguntó Lisbeth

– En el colegio me dicen que es mentira, que son tú y mi papa

“Recordando la película El origen de los guardianes, que habíamos visto hacía poco, donde se trata de creer en el guardián, le dije a mi hijo: ‘Todo se trata de lo que tu siente y crees. Lo que llevas dentro de ti. Si tú sientes y crees que el Niño Jesús existe pues así es. Él dice que sí existe y cree en el Niño Jesús y aun hasta cree en el Ratoncito Pérez, ayer casualidad mudo un colmillo (Risas) y anoche lo puso debajo de su almohada”, cuenta Lisbeth.

Coris Marina Abreu, una de las protagonistas de este reportaje reflexiona: “Mi decepción duró poco porque el Niño Jesús existió y existe, y lo más grande es que se hizo hombre y habitó y habita entre nosotros”.


Maidolis Ramones Servet
Fotos agencias
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