‘Conocí a Rafael Uribe Noguera y quiero contar mi historia’: expareja del asesino de Yuliana

Una expareja de Rafael Uribe Noguera revive con dolor en una carta el hecho de enterarse del crimen de Yuliana y decide analizar qué falló en su educación y pedirles a los jóvenes de hoy, a partir de su propia experiencia, que establezcan límites.

Acá está el texto completo:

“Soy una de las mujeres que pasó por la vida de Rafael Uribe Noguera y quiero poner en conocimiento mi historia.

He decidido mantener mi identidad en el anonimato porque no es mi interés aclamar popularidad o alimentar ningún tipo de amarillismo. Escribo con profundo respeto tanto por la familia de la víctima como de la del victimario, con la única intención de tocar las fibras de sus corazones e invitarlos a reflexionar como individuos, como padres, como mujeres y hombres.

Conocí a Rafael hace un poco más de cinco años. Era un tipo atractivo, montador y aventurero. Le encantaban los retos deportivos, corría maratones, subía la montaña de Rosales, montaba bicicleta, jugaba tenis, fútbol y hasta meditaba.

Amaba a su familia, se derretía hablando de sus sobrinas, idolatraba a sus amigos y le apasionaba su profesión. Le encantaba trabajar junto con su madre, tenía varios libros en su mesa de noche, se podía sentar a hablar de actualidad y política por horas, y recuerdo especialmente que decía que, a diferencia de muchos otros que se iban del país, él nunca abandonaría el barco.

Recuerdo que le tenía prohibido a los trabajadores de su obra echarles piropos vulgares a las mujeres u orinar afuera. Su apartamento era pequeño, sencillo, con buen gusto e identidad, e incluso conservaba un viejo sofá que había pertenecido al despacho de su abuelo. Su casa vivía impecable, él vivía impecable y olía a colonia de bebé.

Era un enamorado de Santa Marta, de la naturaleza, de la música de su tierra, de los viajes donde el cuerpo y el alma se fundieran con el verde, el olor del mar y la paz del viento. Era humano, sensible (muy sensible) y aparentemente feliz.

Rafael era en ese entonces una persona encantadora, con un sentido del humor fantástico y una pasión por la vida que inspiraba a salir corriendo a vivirla al máximo.

Para mí, estar con Rafa era como estrenar amiguito de prekinder. Era todo una aventura: era lindo pasar el tiempo junto a él, especialmente porque propiciaba carcajadas a menudo y me gustaba creer que, como yo, quería cambiar el mundo.

Algo no encajaba

Pero había algo en él que no encajaba. Era como si una parte de su ser se des-sincronizara del resto. Y él parecía hacer un esfuerzo por entender, por entenderse. Cuando tomaba trago entraba en otra dimensión; si lo agarraba en buena onda, era disfrutable, pero si estaba deprimido se tornaba en una persona vulnerable.

Varias veces me dejó al teléfono hablando sola; simplemente desaparecía de la conversación. Era irregular, impulsivo, complejo y hasta grosero.

A veces las discusiones parecían más de un muchachito de bachillerato que de un hombre hecho y derecho. Había cierto infantilismo en él, como si una parte de su cerebro no hubiera crecido del todo y por ende, su acercamiento emocional no me dejó más opción que alejarme antes de que me hiciera más daño.

No alcancé a establecer una relación seria y duradera con él, pero aun así me siento nerviosa, impactada y ansiosa con lo que hoy veo en las noticias. He recorrido una y otra vez todos los espacios de su casa en mi mente, imaginando a una pobre criatura sufriendo más dolor físico y emocional de lo que podría soportar cualquier ser humano, pidiendo ayuda, siendo manoseada, ultrajada, como si tuviera la culpa de algo, castigada con la agresividad más injusta de su corta vida.

Cómo hubiera querido nunca haber estado en ese apartamento donde bailé, reí y hablé por horas hasta el amanecer con alguien que tenía las mismas ilusiones que yo. Cómo hubiera querido no conocerlo nunca para no tener la imagen del lugar donde sucedió algo tan desgarrador. No puedo dejar de pensar en el dolor incontenible que significa para el país y la familia de la niña este hecho, así como para sus más cercanos ponerle este nuevo título de monstruo a alguien que creían conocer; lidiar con el odio y la pérdida de Rafael, que aunque siga vivo, ya no estará más entre ellos. Porque “Rafico”, ya no está, al menos no ese que solían amar.

Por más que me duela, he seguido atentamente cada noticia, tratando de entender. Y me entero de todo lo que ha sucedido con él en los últimos años: del trago, las drogas, la rumba y las prostitutas. Sin duda, los límites se desdibujaron para él y su necesidad de saciarse resultó en esta tragedia.

Pero no estoy aquí para juzgar, porque nadie sabe con la sed que otro bebe. Estoy aquí para hablarles como mujer, hija y futura madre. Para tomar esa circunstancia como una oportunidad y revisarnos por dentro: revisar nuestras acciones, patrones, dolores y resentimientos. Porque todo esto está allí escondido, y alimentarlo sólo termina en obras y omisiones que pueden afectar a otros. Yuliana no merecía cargar con los conflictos sin resolver de Rafael.

Si se trata de analizarnos, empiezo por mí:

Crecí en una familia de padres divorciados, como muchas familia hoy en día. Una familia de papá autoritario y de una mamá que admite que le dio poder. ¿Crecí con ausencias? Si. Como también tuve mucho amor, navidades repletas de regalos, hermanos mayores que se aprovechaban de la menor… Lo típico en una familia. Era una niña indisciplinada en el colegio, tenía problemas para concentrarme, era muy insegura y sólo quería ser popular.

Cuando era una adolescente, otras cosas salieron a flote. Era desmedida en mi necesidad de atención, me decían que no estaba bien llamar a los muchachos. Que me hiciera desear. Mi papá le ponía peligro a todo; era un conflicto eterno pedir permiso para ir a una fiesta y mi mamá hacía un “show” tremendo cuando no me reportaba. Aun así, seguía metida en una burbuja de ingenuidad. Porque eso hacen los adolescentes: llevar la contraria. Y solo ahora que soy adulta entiendo el “por qué” de lo que percibimos como exageración en nuestros padres. A papá lo llamamos paranoico y a mamá mártir.

Chicas que están allí afuera descubriendo el mundo, les pido presten atención a esto que les quiero decir:

Sus padres no pretenden cortarles las alas. Están tratando de cuidar su vuelo. Pero hablarles de ciertos temas es difícil para ellos, así que quiero que entiendan el por qué de sus discursos y consejos.

Somos mamíferos. Los machos son cazadores, buscan la presa y disfrutan de la emoción del reto. Las hembras están alerta, cuidan su territorio. Cuando una mujer no representa reto para ellos, pierden el interés. De nada sirve que “pretendan” ser seguras o “cool”. Ellos huelen la vulnerabilidad y harán hasta lo imposible por manipularlas para lograr su cometido.

Dejen de hacer los tests de las revistas para adolescentes y despiértense al mundo. El juego de la naturaleza es hermoso si lo saben jugar. Pero entiendan que primero deben cultivar su propio jardín antes que esperar a que les traigan flores. Por favor, en vez de seguir al pie de la letra las instrucciones para atraer un hombre como dicen los blogs, concéntrense más bien en la construcción de su propio mundo, uno en el que no dependen de nadie para sentirse felices, en el que sean independientes, activas, inteligentes y guerreras. Esto sólo lo entendí cuando toqué fondo, cuando vi que estaba haciendo algo mal, atrayendo hombres que no valían la pena, y me dediqué a deshacerme de las capas de basura que tenía encima. Y llegué a una conclusión: ¡Estás sola, y solo tú puedes cuidar de ti misma”.

Muchos hombres hoy en día están pasando sus límites porque muchas mujeres se los permitimos, por falta de fuerza, por soledad, por inseguridad o por ingenuidad.

Y cuando consiguen lo que quieren, van en busca de más, y a otro voltaje. Es hora de detener este y tantos comportamientos abusivos desde adentro, desde la familia y las amistades. Si una amiga está cayendo en actitudes débiles o permitiendo abusos, así sean emocionales, ¡no tengan miedo en sacudirla! No se trata de decirle “pobrecita”, sino de recordarle que sólo ella da poder a un hombre para lastimarla. Las redes sociales, el contenido sexual y violento de este mundo propician estas conductas aun más.

¿Sabían que de acuerdo a estudios, el cerebro de la mujer tiene más conexiones que el del hombre? Es decir, cada área de nuestro cerebro es mucho más activo, lo que nos da fortalezas muy específicas, pero también habilidades. El cerebro de la mujer tiene más actividad en el córtex frontal de cerebro, la parte más humana, relacionada con la previsión, el juzgamiento, impulso, autocontrol, organización y planeamiento. Una de sus mayores fortalezas es que las mujeres tienen más empatía. Por eso estamos tan atentas a los detalles, somos más intuitivas e incluso tenemos visión periférica, con la que escaneamos el entorno para identificar el peligro. Significa que el hombre es más superficial y que LAS MUJERES NO SON BOBAS. Por favor, estén alerta para identificar cuándo no están a salvo en una relación.

A los niños y jóvenes:

Si no establecen límites en su vida, se van a quedar solos. Si resuelven sus conflictos cobardemente con una botella de alcohol o con droga, entonces no están evolucionando. Por el contrario, están alimentando un comportamiento primitivo. Busquen los retos en su trabajo, en el deporte, con sus amigos, en la manera en la que asimilan los problemas de cada día, pero no en el sexo, porque es un arma de doble filo.

Recuerden que un hombre borracho o que habla de las mujeres como un trofeo es patético. Y tristemente, algunos se lucran de eso. Su misión es proteger, inspirar, enseñar. Si tienen hermanitas, primas, amigas, siéntense con ellas a compartirles un poco de su mundo, ayúdenlas a entender y a afrontar la sicología masculina. Recuérdenles su valor cada tanto, háganlas seguras y fuertes.

Padres de familia:

Tomen el control de lo que está sucediendo. Porque está claro que no importa cuánto dinero tengan o no, los hijos que educan en esta generación son más propensos aun a propiciar o a sufrir este tipo de circunstancias.

Enséñenles el respeto por si mismo, elaboren sus vacíos, nos los dejen jugando con el celular porque es más fácil y llegaron cansados del trabajo. Estén atentos a sus dudas, a sus reacciones, a sus circunstancias. Descubran sus talentos y apóyenlos en cada idea que tengan. Háganlos sentir únicos, poderosos, fuertes. Enséñenles a cultivar el espíritu, independientemente de la religión. No les infundan el miedo si no más bien explíquenle el por qué de las cosas. La causa, el efecto, la raíz de las situaciones.

Es verdad que cada falta, cada ausencia, cada omisión, marcará de por vida a cada uno de sus hijos, como lo hizo mi pasado conmigo y permití que me lastimaran en mi intento por llenar el vacío. Como también es cierto que a cierta edad cada uno es dueño de sus acciones y la responsabilidad no puede recaer en los padres. Yo agradezco a mis padres su paranoia, sus oraciones y exageraciones, porque nada es suficiente cuando se trata de proteger su tesoro más grande.

Les pido que vayan detrás de esa energía que están liberando en estos momentos y la reversen para ocuparla en ustedes mismos, en analizar sus conductas y la forma en la que elaboran su espíritu a diario, porque así como Rafael, sin importar el estrato o las circunstancias de la familia en la que crecimos, hay muchos otros que solían tener una vida donde los límites existían, pero perdieron la batalla y en unas horas destruyeron la desgarraron el alma de muchas personas“.

El Espectador

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