Las almas de dos sacerdotes acompañan a La Chinita

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Honrados con una ramo de flores rojas descansan los dos sacerdotes. Foto: Deivis Oviedo.

Aunque así lo pareciera, Nuestra Señora de Chiquinquirá no está sola en la Basílica de Maracaibo.

Y no por los santos Antonio de Padua y San Andrés que posan con ella en la milagrosa tablita.

Muchos de los asiduos visitantes de la también llamada Señora del Saladillo desconocen que los cuerpos de dos caballeros acompañan a la Chinita en su sagrado recinto.

Se trata de los padres Antonio María Romero Soto y Ángel Ríos Carvajal, dos destacados devotos que estuvieron al frente de la Basílica y emprendieron grandes causas por la feligresía zuliana. El mismo Eleuterio Cuevas, actual párroco, se encargó de rescatar a estos padres de los nichos olvidados para llevarlos a reposar en el santo templo zuliano.

“Uno tiene que ser agradecido. La vida de estos zulianos fue ejemplar y entregada a la casa de Dios en Maracaibo. Fueron ejemplos de lucha, saber y amor”, expresa emocionado el padre Eleuterio.

Nacido el 27 octubre de 1869 en los Puertos de Altagracia, Antonio María Romero Soto fue el primer párroco de la Basílica. Fue este sacerdote quien concibió el proyecto de lograr para la feligresía zuliana la coronación canónica de la Virgen de la Chiquinquirá como Reina del Zulia y convertir la iglesia en que se veneraba en basílica, en función de lo cual promovió los trabajos de reforma y embellecimiento del templo y entre 1917 y 1918.

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Los padres Antonio María Romero Soto y Ángel Ríos Carvajal fueron destacados devotos que estuvieron al frente de la Basílica

En otras palabras, gracias a las gestiones hechas por el presbítero Antonio María, el 16 de julio de 1917, el papa Benedicto XV dispuso a través de un breve Pontificio, la Coronación Canónica de Nuestra Señora de Chiquinquirá, patrona del Zulia.

La imagen milagrosa de la Virgen se encuentra en la Iglesia de San Juan de Dios, que el mismo Papa distinguió el 18 de mayo de 1920, con el título de Basílica Menor, pero los zulianos la llaman Basílica de Chiquinquirá.

Además de su enorme aporte a la causa de la Señora del Saladillo, el padre Antonio María durante el gobierno de Cipriano Castro es acusado de “mochista” (partidario de José Manuel Hernández) y de participar en una conspiración en contra del régimen, es encarcelado en 1908.

En 1918, a raíz de la epidemia mundial de gripe, vuelve a sobresalir el padre Antonio María esta vez por sus esfuerzos y ayuda en favor de los afectados, distribuyendo limosnas, medicinas y consuelos, especialmente a los enfermos pobres del barrio marabino El Saladillo.

Después de una vida dedicada al servicio del prójimo, el bondadoso párroco murió en Maracaibo el 11 de julio de 1939. Sus restos fueron trasladados al Cementerio El Cuadrado, su nombre se parecía esta destinado a perderse entre tantos nichos y abandono, hasta que el padre Eleuterio inició una investigación para su rescate.

“Supe por un familiar que había sido críado por él y que falleció hace poco por cierto que al padre lo habían enterrado con los hábitos y las manos en el pecho sosteniendo un crucifijo. Me guié por las actas de sepelio y logramos dar con el nicho. Lo trajimos hasta acá hasta la basílica donde siempre debió estar”, expone el apdre Eleuterio Cuevas.

Y allí está detrás del altar de la sagrada tablita el padre Antonio María, pero no está solo, otro gran servidor de Dios lo acompaña: el padre Ángel María Carvajal.

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Las imágenes de los santos que comparten la Basílica con la Virgen da la bienvenida al sepulcro de los sacerdotes.

Cuando murió el primero ya el segundo era sacerdote. Ángel Ríos Carvajal fue designado párroco de la Basílica posteriormente y tuvo la capacidad de cultivar la fe zuliana mediante la educación, la cultura y hasta el periodismo.

Carvajal fue miembro del Centro Histórico del Zulia y director del diario La Columna, un sacerdote ejemplar que supo destacarse en el impulso a Maracaibo hacía una ciudad más sólida y preparada.

Murió el 3 de febrero de 1974, había nacido en Sinamaica el 6 de mayo de 1912. Tras sentidos actos funerales, el cuerpo de este sacerdote fue traslado al cementerio Corazón de Jesús, pero tal como pasó con Antonio María, el padre Eleuterio también se encargó de que no se quedara allá.

“También lo trajimos. Ambos reposan acá en la Basílica y son sacados para sus misas cada vez que es su día”, expresa Cuevas con el orgullo de saber que le hizo justicia a dos grandes hombres de la fe zuliana.

Para visitar a estos ejemplares sacerdotes solo basta llegarse hasta detrás del altar de la Chinita, envueltos en losas blancas descansan los dos sacerdotes, honrados con una ramo de flores rojas, reguardados por la imagen de dos ángeles y teniendo como guardianes a los santos de la Virgen.

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Fotos: Estefanía Reyes / Deivis Oviedo

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