El rincón que esconde los tesoros de la Virgen

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El museo de La Chinita guarda en un rincón de la basílica las ofrendas que recibe la Virgen cada año. Foto: Estefanía Reyes

Pocas personas saben que en una esquina del templo de la Virgen de Chiquinquirá, detrás de unas pesadas puertas con adornos de color cobre deslustrado, se guardan los tesoros de la patrona de los zulianos. Varios de ellos tienen un valor histórico, pero la mayoría no representa más que el tamaño de la fe de sus feligreses.

Los estantes que se apretujan en menos de cuatro metros cuadrados están abarrotados de los objetos más insólitos y variados. Detrás de cada uno de ellos hay un testimonio que da cuenta del fervor que inspira la figura sagrada que vigila a todos desde una tablita en lo más alto de la basílica.

Allí es posible encontrar desde sables hasta pequeños retratos familiares. El párroco de la basílica, el presbítero Eleuterio Cuevas, ha visto cómo año tras año el modesto museo va llenándose con objetos que guardan un gran significado para quien los ofrenda. Con ellos se ha dado gracias, se ha pedido perdón y se ha rogado por milagros. Todos son símbolos de sacrificio y devoción.

La fe hacia La Chinita no discrimina entre clases sociales, razas u oficios. Cientos de militares, por ejemplo, han traído a la virgen medallas de todos los rangos, sables, espadas y reconocimientos. Deportistas de todas las categorías y disciplinas han dejado a los pies de la virgen los trofeos y símbolos de sus triunfos. En octubre de este año, jugadores, cuerpo técnico y directivos del Zulia FC ofrecieron el premio de la Copa Venezuela a La Chinita en una ceremonia que hizo desprender lágrimas incluso a aquellos que tenían mucho tiempo sin pisar una iglesia.

—Quizás no sean de los que van a misa todos los domingos, pero su ilusión de ganar una copa no opacaba el saber que ese triunfo no era un logro de ellos, sino de algo más superior —dice el padre Eleuterio, desde su despacho.

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En octubre de este año, los jugadores, cuerpo técnico y directivos del Zulia FC ofrecieron el trofeo de la Copa Venezuela a La Chinita. Foto: William Ceballos

“Gracias por el favor concedido”, reza en cientos de placas, tapices y cuadros. Algunos más formales y solemnes. Otros dibujados con los inocentes trazos de un niño. Incluso largos mechones de cabello se han ofrecido como agradecimiento.

—¿Quién soy yo para meterme entre una persona y su promesa con La Chinita? —se pregunta él—. A veces es más importante el esfuerzo que hace la gente para traerle una ofrenda a la virgen, que el objeto mismo. Aquí viene todos los días una señora que le trae un ramo de flores y después me pide a mí dinero para los pasajes. El sacrificio más grande que ella vive es la humillación de tener que pedir dinero.

Los símbolos de la regionalidad se asoman de los estantes y cubren las paredes. Algunas pequeñas mantas guajiras con bordados de colores representa el sincretismo que nos caracteriza. Decenas de familias llevan ese vestido para dar gracias por la sanación de niñas pequeñas. Algunas permanecen en este cuarto, pero la mayoría es enviada por el padre Eleuterio a Sinamaica, pueblo indígena y de pescadores.

Por cada milagro hecho a un bebé hay una prenda minúscula que escode una gran historia de tristeza y esperanza. Como la de Carlota, que lleva cada 17 de noviembre, desde hace tres años, un par de medias de su bebé Dario, a quien le diagnosticaron al nacer una enfermedad congénita que solo le daba pocos días de vida, pero que hoy demuestra que la ciencia a veces se equivoca.

img_0477-1En el suelo de ese espacio que tiene en su centro a un Cristo con una cruz al hombro, se aprecian pocos pétalos ya marchitos por el tiempo. Remanentes de las miles de flores que recibe la virgen cada año. Una parte de ellas permanecen en la basílica durante las fiestas, adornando el domicilio de la patrona de los zulianos. El resto, es repartido entre los 36 colegios con capillas, 80 parroquias y 66 iglesias de la región.

Si alguien alguna vez dudaran del tamaño de la fe de quienes veneran a la virgen de Chiquinquirá, encontrarían aquí la prueba tangible del amor que despierta.

Mientras las cosas de más valor (como las coronas, espadas y otras alhajas regaladas a la virgen) se guardan en una caja fuerte, el padre Eleuterio asegura que han hecho todo lo posible para encontrar los recursos que les permitan construir un museo digno a La Chinita. Sin embargo, por ahora sus tesoros se arruman en este cuarto que intenta ganarle al tiempo y al olvido.

Estefanía Reyes

Noticia al Día 

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