El machismo mata: la violencia se ensaña contra las mujeres en Venezuela

mujeresA Brenda Urdaneta, de 42 años, la quemó viva su esposo. A Ana Isabela, de 7 meses, la violó y asesinó su padrastro. A Mayerlis Sierra, de 14 años, la violaron y estrangularon sus vecinos. A Kelly Pereira, de 21, la mató su esposo de un disparo en la cabeza. Todas ellas vivían en el estado Zulia y, junto a 18 víctimas más, engrosan los índices de femicidios ocurridos este año en la región.

El femicidio, término acuñado para definir los asesinatos de mujeres por razones de género, es una palabra que muchas veces no logra transmitir la bestialidad del concepto que describe. La violencia contra la mujer no es el resultado de situaciones aisladas u ocasionales, sino que está profundamente arraigada en las relaciones estructurales de desigualdad entre el hombre y la mujer.

El amor, para las mujeres, es veces también su sentencia de muerte. Cerca del 80% de los casos presentes en el Zulia son cometidos por los compañeros sentimentales de las víctimas. Y en todos los casos, la violencia dentro de las relaciones de pareja no se presenta de manera ocasional, sino como una escalada de abusos psicológicos y luego físicos que terminan en el femicidio, de no ser detenidos a tiempo.

Iselis Iguarán estaba celebrando su cumpleaños número 22, junto a sus amigas, cuando el hombre con quien había decidido casarse pocos meses atrás decidió, al pensar que conversaba con un vecino, matarla de un disparo a la cabeza. Con ello, el hombre que formaba parte del Cuerpo de Policía Bolivariana del estado Zulia (Cpbez), dejó a un niño de cinco años sin madre y mucho dolor en el hogar de la familia Iguarán Maestre.

El caso de Iselis es una muestra del nivel de cosificación y apropiación que sienten los hombres sobre sus parejas en una sociedad patriarcal que legitima esta realidad a través de muchos canales. En 2015, el Cpbez registró 318 detenidos por violencia de género. Mientras que solo hasta octubre de 2016 esa cifra ascendió a 391.

En Venezuela, el 25 de noviembre del año 2014, se oficializó la reforma de la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia en la que se tipificó como delito este hecho bajo el nombre de femicidio, y el cual se define en la referida ley como: “la forma extrema de violencia de género, causada por odio o desprecio a su condición de mujer, que degenera en su muerte, producidas tanto en el ámbito público como privado”.

Desde entonces es posible llevar un registro oficial de los casos presentados en el país. Sin embargo, las únicas cifras ofrecidas por el Ministerio Público de manera formal son las dadas por la Fiscal Ortega Díaz en la memoria y cuenta de ese organismo ante la Asamblea Nacional en 2015, donde aseguró que se habían cometido en el país 121 femicidios consumados y 132 femicidios frustrados, en 2015.

Aunque este año no se han presentado cifras oficiales, según declaró la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, en una entrevista con un medio de comunicación, en el primer semestre de 2016, se registraron 75 femicidios, lo que representó “un aumento considerable” en comparación con los 57 que ocurrieron en el mismo periodo, en 2015.

Tampoco en el capítulo de justicia y reparación se han logrado avances significativos. El pasado martes, en una sesión de la Asamblea Nacional, la diputada Manuela Bolívar denunció que de 70.763 casos ingresados a la Fiscalía por violencia de género, tan solo existieron 482 juicios. Además, criticó que en el país solo existan tres casas de refugio para las víctimas.

Los casos de Brenda, Ana Isabel, Mayerlis, Kelly y tantas otras en el país tienen en común el trato que reciben de sus victimarios, hombres comunes y corriente que están convencidos de que las mujeres son usables, prescindibles, maltratables y, finalmente, desechables.

Estefanía Reyes

Noticia al Día

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