Exclusiva: Expedición llega a barco encallado desde hace más de 100 años en el Sur del Lago (Fotos+ Video)

La segunda fue la vencida. Después de dos intentos y tres horas de trayecto por una complicada zona repleta de mangles, fango y monte sobre agua sedimentada, se hallaron los vestigios del histórico e imponente barco Venezuela, encallado a la izquierda de la desembocadura del río Catatumbo, cerca del Parque Nacional Ciénagas de Juan Manuel, en el municipio Catatumbo del Sur del Lago de Maracaibo.

En Congo Mirador, el pueblo palafítico donde nace el majestuoso fenómeno natural Relámpago del Catatumbo, la presencia del barco, que tiene más de un siglo abandonado, parece una leyenda, puesto que todos saben de su existencia, pero solo unos pocos han logrado verlo.

«Desde los 6 años empecé a escuchar que había un barco encallado en la desembocadura del Catatumbo, todo Congo Mirador lo ha oído; quien ha crecido aquí, conoce la información, pero, por las condiciones del lugar en el que está, había sido imposible avistarlo», comentó Wilmer Ariza, secretario de enlace del gobierno regional en el Sur del Lago.

Luis Navarro, pescador, agregó: «Mi papá cazaba por el área donde está el barco y me hablaba de él, pero nunca he podido verlo».

Una declaración similar la ofreció el pescador Liover Amarillo, quien dijo que su abuelo también le contó sobre el paradero de la embarcación, aunque tampoco la ha observado.

Los años pasaron y con ellos se esfumó el cuento del barco, hasta que en 2013 Ariza volvió a escuchar, de boca de un poblador, el rumor de que la gigantesca nave seguía ahí, oculta, inerte, suspendida en el tiempo.

En aquella ocasión, indicó Ariza, se ejecutaron dos expediciones, pero ambas fallaron, ninguna pudo acercarse al sitio.

Hace cuatro meses se efectuó una tercera excursión, en la que dos campesinos pescadores, solos, sin coordenadas ni equipos ostentosos, lograron el objetivo.

«Desde ese momento, con el apoyo del gobernador Francisco Arias Cárdenas, un equipo comenzó a hacer una pica o trocha para que se pudiese llegar caminando, acción que, finalmente, se concretó a finales de junio», mencionó Ariza.

A la par, todos los investigadores del Acervo Histórico del Zulia, dirigidos por la historiadora Ligia Berbesí, comenzaron a buscar información sobre el barco para determinar su modelo y especificaciones.

Travesía

El 1 de julio, un equipo de Noticia al Día (NAD) fue seleccionado para realizar la travesía en busca de lo que representa un verdadero tesoro para la historia naval venezolana.

Una vez obtenidas las coordenadas geográficas donde está encallado el barco, latitud 9°21’33.98’’ N y longitud 71°44’35.67’’ O, aproximadamente a 62 kilómetros de la población Encontrados, arrancó la aventura.

Desde el aeroclub en el Aeropuerto Internacional “La Chinita”, NAD, junto a Ariza, partió en un helicóptero Hughes MD 500, al mando del experimentado piloto Orlando Pérez, primer teniente de la Aviación Militar Bolivariana, quien llevó al equipo hasta Congo Mirador.

De ahí, el siguiente transporte es por vía marítima.

El jefe del pueblo, comisario Edín Hernández, condujo la lancha hasta la orilla del área, similar a una selva, donde permanece el barco. Él tampoco lo ha visto, comentó.

Una vez en la orilla, la única forma de llegar a la embarcación es a pie a través de dos caminos, uno de 950 metros y otro de casi cuatro kilómetros. Se tomó el primero.

A unos 50 metros de haber iniciado el trayecto, Ariza y Hernández desistieron. Dos horas después, cerca de la mitad del camino, sin comida ni agua, también lo hicieron los periodistas de este diario, Julio Reyes y David Contreras.

Las condiciones climatológicas y ecológicas tan adversas en la zona no fueron debidamente calculadas. La misión tuvo que ser abortada.

Tres semanas más tarde, ayer martes, luego de que los pescadores Ramón Blanco, Daniel Genes y Ederluis Genes buscaran hacer un camino más resistente con troncos delgados cortados a machetazos y arrojados sobre el agua sedimentada, se ejecutó el segundo intento.

A las 9.30 de la mañana, el trío designado para la documentación del barco volvió a salir del aeroclub. A las 9.58 arribó a Congo Mirador y, una hora después, tras deliberar la estrategia para alcanzar el objetivo, salió a la pica. Ariza, al conocer los factores hostiles del trayecto, dio un paso al lado.

Con suficiente agua, barras energéticas y frutas para culminar la odisea, empezó la caminata a las 11.10 de la mañana.

«Un kilómetro no es nada, el problema es la superficie que te consume», coincidieron en advertir los tres pescadores, quienes tardaron una semana, cada uno, en crear una trocha.

La mayor dificultad es precisamente esa: no hay superficie sólida.

A medida que avanza, la persona debe caminar por troncos que suelen flotar en los sedimentos, pero con seguridad va a caer. Hay zonas donde el cuerpo puede sumergirse hasta la cintura y otras alcanzan el pecho.

Salir del lodo sin palos —con un extremo en forma de Y— sobre los cuales apoyarse al usarlos como una especie de bastones para tantear el terreno y escapar de la profundidad, representa una ardua labor.

Aunque la vegetación es extensa y no deja ingresar los rayos del sol en su totalidad, el calor puede llegar a sofocar en algunos tramos, donde al quedarse detenido es presa fácil, en cuestión de segundos, de decenas de mosquitos.

Los únicos acompañantes de quienes se arriesguen a buscar el barco son el croar de los sapos y el silbido de las aves, aunque también, según el pescador Ederluis Genes, se pueden oír gritos de monos.

Ederluis fue el guía de los periodistas, y en tan solo un día tuvo que ir y regresar del barco en tres oportunidades. Él conoce muy bien el camino, sabe con casi una efectividad de 95% dónde pisar, pero igual terminó por caer en el fango.

Fadelis Méndez y José Ángel Muñoz y Eduardo Ariza

Fadelis Méndez y José Ángel Muñoz y Eduardo Ariza

A la mitad del trayecto se observó de regreso a Eduardo Ariza, Fadelis Méndez y José Ángel Muñoz, quienes decidieron experimentar la aventura y comprobar que la ancestral embarcación no es un mito. Sus recomendaciones fueron las mismas de los habitantes del pueblo: «Es fuerte, tienen que tener mucha agua para hidratarse y coraje para completar el kilómetro».

Y es que el camino solo puede empeorar; nunca mejora, al menos no por más de un minuto.

Misión cumplida y detalles visuales

Luego de más de 10 paradas de cinco o 10 minutos, extenuados y con ampollas en los pies, se logró llegar al barco a las 2.10 de la tarde. Fue la gloria.

A un lado de la nave se leyó el nombre Venezuela y, en una viga en la proa, la inscripción Phoenix Iron CO, de acuerdo con datos aportados por Ariza.

Quienes lo han visto en las recientes expediciones calcularon que posee aproximadamente 100 metros de largo y 12 de alto, si se considera que posee una parte de uno o dos metros hundida, lo que lo hace ver inclinado.

A simple vista se detalló que tenía 66 ventanas, 33 de cada lado. Al parecer, su color original predominante fue el blanco, puesto que se observó en la gran parte externa de la embarcación. Sin embargo, la estructura está totalmente oxidada, corroída, lo que le ha dado un color vinotinto o marrón oscuro.

Por dentro ya no hay piso, solo queda, en palabras simples, el esqueleto: columnas  y vigas.

La embarcación está rodeada de agua sedimentada y luce frágil. En su interior se evidenciaron dos torres, una de mayor tamaño que la otra, en forma de cilindros que, tal vez, sean chimeneas.

A cada lado del barco, en la popa, se vieron dos inmensas paletas llenas de moho, al igual que el resto de la nave.

Todas las referidas apreciaciones serán evaluadas por los especialistas del Acervo Histórico del Zulia, que el único dato que posee con absoluta certeza es que el barco tiene más de 100 años de antigüedad.

Desde hace un mes, investigadores de la región y de Caracas tratan de descifrar qué tipo de embarcación es realmente Venezuela, esa que se resiste a morir y ahora resurge para escribir otra página de la historia venezolana.

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Piloto Orlando Pérez y periodista Julio Reyes

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Pueblo Congo Mirador en el municipio Catatumbo

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Comisario Edín Hernández, jefe del pueblo Congo Mirador

 

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Uno de los troncos sobre el agua sedimentada por el que camina el pescador Ederluis Genes

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Así luce el interior del barco

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Paleta ubicada en la popa del barco

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Torre ubicada en el interior de la embarcación

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A la derecha de la torre se observó otra de menor tamaño

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David Contreras (Texto/Foto/Video)

Noticia al Día

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