El cuarto oscuro del “sexocine” Redoma

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No hay puertas. Nada divide el interior del exterior. El lugar nunca está solo. Cuando entras siempre hallarás a alguien, pero si no hay nadie y pasas, con seguridad un hombre ingresará detrás de ti. De frente, verás un urinario de cerámica, una poceta y una de esas largas bases rudimentarias de concreto que también son para orinar. Tampoco hay divisiones entre esos objetos. De hecho, el retrete no es para necesidades fisiológicas, sino para que un individuo se pare sobre él mientras otro le practica sexo oral.

Así es el baño de una sala del Multicine Redoma, ubicado en el centro de Maracaibo, donde personas del mismo sexo, por lo general hombres, practican felaciones, orgías y masturbaciones. La descripción del lugar la relató uno de los asistentes, quien por razones de seguridad decidió omitir su identidad y apodarse Ulises.

Ulises es un profesor universitario de 33 años, quien ha asistido cinco veces  a «La Redoma» desde 2010 para practicar «cruising», o «chancear», como él aseguró que se conoce esa actividad en la «subcomunidad homosexual» de Zulia.

Contó que antes, en Maracaibo, había más lugares de cruising, pero los principales eran los baños del centro comercial Galerías y los del antiguo Bingo Maracaibo. También un cuarto oscuro que existió durante unos meses en la otrora discoteca gay Evolution. En el primero, indicó, la directiva se puso pilas y colocó vigilantes; el segundo fue cerrado posteriormente por decreto del Gobierno nacional, y el tercero fue clausurado más tarde. «Al ingresar al cuarto de la disco te daban un locker (casillero) para dejar la ropa, y luego tenías sexo con quien sea, todos con todos. Estos sitios nunca se difundieron, salvo por las personas, lugares y medios correctos para ello», detalla.

Ulises comentó que casi todas las áreas de cruising dejaron de existir en la ciudad porque en el periodo de Manuel Rosales como gobernador, bajo perfil, cerraron todos esos lugares. De hecho, se colocaron policías en «La Redoma» para evitar que continuara tal actividad. «Pero en la gestión de Pablo Pérez no se atacaron más estos espacios y retornó la práctica. En nuestra subcomunidad se presume que llegaron a un acuerdo para que nadie molestara más», agregó.

Primer contacto

 Actualmente, el único recinto dedicado, de manera clandestina, al cruising es el cine Redoma, aseguró Ulises, quien decidió revelar a este diario su experiencia.

 «Hace tres años conocí a un sujeto a través de una compañera quien me lo presentó. Nos agregamos al PING, conversamos y nos hicimos amigos. Eventualmente, él y yo empezamos a salir, a pesar de que él lleva 15 años casado, tiene tres hijos, aunque ni la esposa ni ellos saben que es gay, y además tiene su pareja masculina.

 »Un día me dijo que se iba de viaje con su pareja. Pensé que hablaba de la esposa, pero me aclaró que se refería a un hombre de Falcón.

»Entendí que todos los fines de semana le metía un cuento a su esposa para notificarle que se iba a trabajar, y en su oficina también hizo ajustes para poderse ir todos los jueves y regresar los lunes.

»Al cabo de un tiempo, me terminó revelando que él no se veía con su pareja en Falcón, sino en diferentes ciudades del país donde existen lugares con cuartos oscuros o de cruising, incluso una vez se fueron a EE UU.

»Le pregunté si pasar todos los fines de semana en ese plan era costoso, pero me contestó que entre ambos se dividían el pago, y era lo que tenía que hacer para poderse “desahogar”.

»Una vez me preguntó qué hacía, porque me quería presentar a su pareja que estaba en Maracaibo. Envolvió con un cuento a su esposa, fuimos a cenar los tres, y luego de que su pareja se marchó, me contó lo del cine», narró Ulises.

Sala sexualDSCF07941 El cuarto oscuro del “sexocine” Redoma

El profesor comentó que llegar al cine Redoma no es tan sencillo, y la zona poco segura en la que se encuentra tampoco es buena aliada. Por ello, las veces que ha asistido —la más reciente en mayo— lo ha hecho con una pareja y sin objetos de valor.

«Nosotros dejamos el carro, con los celulares y pertenencias, en el estacionamiento subterráneo del centro comercial Cima, subimos la escalera, salimos por una puerta específica, cruzamos la calle y entramos al centro comercial Redoma», precisó.

Una vez en la sala, añadió, van directo al baño, «donde pasa todo».

En las butacas, mencionó, pueden estar algunos voyeristas que sólo van a ver cómo tienen sexo los demás. «Pero toda la gente que va, sin excepción, sabe exactamente lo que pasa», apuntó.

«La primera vez que entré al baño observé cómo cuatro hombres hacían el “trencito”. Quedé impactado. Retrocedí, me senté en las butacas unos minutos y luego regresé al baño. Mi pareja y otro sujeto ya estaban practicándole sexo oral a un hombre de unos 60 años», expresó.

Destacó que el baño, el cual posee sólo un bombillo que todos aflojan al entrar, siempre está limpio. Y que no hay preservativos regados en el suelo ni fluidos corporales, porque «eyaculan en el urinario».

Al sitio acuden parejas masculinas u hombres solos, y a pesar de que el 99% de los asistentes son homosexuales, también se ve, en ocasiones, a parejas heterosexuales que no tienen dinero para pagar un hotel, señaló Ulises.

«Fuera del baño también hay parejas teniendo sexo, en las butacas o contra la pared. Tríos o cuartetos, en especial al mediodía, hora en que se llena la sala», expuso.

  Ulises resaltó que aunque pueda asistir alguien bajo los efectos de estupefacientes, en el sitio no hay presencia de ningún tipo de droga, puesto que el cine Redoma es «una industria eminentemente sexual».

Al cuestionársele el por qué acudir a un espacio no destinado para las relaciones sexuales con el único objetivo de tener coito con desconocidos, respondió: «Se hace por el morbo que despierta el ambiente, ya que ver esas escenas en colectivo atrae. Sin embargo, lo que pasa es que en esta ciudad tan tercermundista, obsoleta, inculta y troglodita, se crean lugares clandestinos para eso, aunque la realidad es que sucede en todas partes».

Enfatizó que aunque casi todos los homosexuales de la ciudad saben de la función verdadera del cine, los que asisten son sólo una «minoría ruidosa» que representa un 2% de la comunidad gay.

Después de confesar lo que realmente sucede en «La Redoma», a sabiendas del revuelo que podría levantarse, en especial entre sus colegas, una pregunta era obvia: ¿por qué revelarlo?

Sereno, firme y con una particular concepción del mundo, respondió: «Ese lugar no debería existir. Es horrible, denigrante, y no hace sentir, internamente, bien a nadie. De hecho, tampoco deberían existir sitios de ambiente, ya que nosotros deberíamos poder efectuar lo que deseemos sin que sea mal visto. Toda sociedad tiene que ser segura para que cada individuo desarrolle su personalidad, independientemente de su tendencia sexual».

 David Contreras

Noticia al Día

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