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Salvador Cabañas, el goleador que volvió de la muerte

Salvador Cabañas P 540x212 400x157 Salvador Cabañas, el goleador que volvió de la muerte

La madrugada del 25 de enero de 2010 Salvador Cabañas entró a un bar y salió de allí convertido en otra persona. De las últimas horas de su antigua vida no recuerda casi nada, ni cómo llegó al bar o con quién; tampoco rememora al hombre que cumplió la amenaza de dispararle un tiro en la cabeza. Lo que Salvador no olvida es que en ningún momento sintió miedo.

- ¿De qué voy a tener miedo?, ¿de qué voy a tener miedo? No, no tengo miedo.

- ¿Ah sí?, ¿no tienes miedo?, ¿a esto que tengo en tu frente no le tienes miedo?

El bar donde le dispararon a Salvador Cabañas queda en la Avenida Insurgentes Sur, en Ciudad de México, a donde llegó a mediados de 2006 para hacer parte del Club de Fútbol América, el principal equipo de la ciudad.

En poco más de cuatro años con Las Águilas jugó 115 partidos de Primera División, marcó 66 goles y ganó una Interliga. Fue distinguido como el Futbolista del Año en Sudamérica (2007), goleador de la Copa Libertadores (2007 y 2008) y parte del Equipo Ideal de América (2007, 2008 y 2009). Había participado con su país, Paraguay, en la Copa Mundial de Fútbol de 2006, y el principal delantero para el mundial Sudáfrica 2010, que se iniciaría en menos de cinco meses.

Aquella madrugada, una bala calibre.22 atravesó su frente y se quedó en su cabeza para siempre. Los médicos le dieron pocas esperanzas de vida.

Mientras Salvador intentaba demostrarles a los médicos que la muerte no vendría pronto, la policía identificó a su atacante. Se trataba de José Jorge Balderas Garza, alias ‘J.J.’, nacido en Mazatlán, una de las ciudades más importantes del estado de Sinaloa. Tenía poco más de 30 años y lo acompañaba Juliana Sossa Toro, una modelo colombiana de 25 años, 170 centímetros de estatura y ojos verdes, quien en 2008 había sido reina del Turismo, en Antioquia.

‘J.J.’ resultó ser un narcotraficante vinculado a las órdenes de Édgar Valdez Villarreal, ‘la Barbie’, uno de los criminales más temidos de México. ‘La Barbie’ escondió a ‘J.J.’ y a su novia en una de sus tantas propiedades en el D.F. con la esperanza de que el hecho se olvidara.

Lejos de eso, México y Paraguay se volcaron hacia su futbolista. Los paraguayos, que descartaron cualquier posibilidad de tenerlo en el mundial de Sudáfrica, realizaron innumerables vigilias por su salud en Asunción, Ciudad del Este y Encarnación, las cuales se extendieron al resto del país. “Yo sé que ahora estás en terapia, que estás dormido, pero voy a estar contigo junto a toda esta gente hasta que te despiertes”, dijo un hincha que lucía la camiseta rojiblanca de su selección.Juliana Sossa y JJ 400x255 Salvador Cabañas, el goleador que volvió de la muerte

Los fanáticos del América se juntaron varias veces en el Hospital Ángeles, donde estaba el futbolista, a orar por él y pedir informes sobre su estado médico. Varios medios de comunicación lo dieron por muerto en reiteradas ocasiones. Pero al sexto día, luego de una serie de sedaciones, Cabañas comenzó a hablar en perfecto guaraní, una de las lenguas oficiales de su país.

La modelo colombiana Juliana Sossa y José Jorge Balderas Garza, alias ‘J.J.’

El 21 de febrero se publicó la primera foto de Salvador Cabañas después del accidente. Se veía delgado, con la cabeza rapada, incapaz de estar en pie sin ayuda. No podía mantener fija la mirada sobre algo o alguien. De nuevo se hicieron frecuentes los rumores sobre su muerte y cada tanto un diario sensacionalista confirmaba la noticia. Su regreso a las canchas estaba descartado.

Pasaron poco más de siete meses para que ‘la Barbie’ fuera capturado. El narcotraficante se negó a dar información sobre el paradero del agresor de Salvador Cabañas. No sería ‘la Barbie’ quien delataría a ‘J.J.’.

El 18 de enero de 2011, Juliana Sossa reveló a través de Facebook que estaba viviendo en Lomas de Chapultepec, una de las zonas más lujosas del D.F. De inmediato la policía allanó la residencia y capturó a ‘J.J.’ y a Juliana. Las autoridades consideraron que la modelo no era cómplice y quedó libre tres meses después, mientras que el mafioso fue enviado a la cárcel. Sobre el ataque a Salvador, dijo que fue el paraguayo quien lo golpeó primero: “La disculpa me la debe dar a mí porque fue él quien me agredió”, dijo.

Para ese entonces Cabañas ya había salido de la clínica y se encontraba en Paraguay con su familia. Había iniciado un pleito legal contra el América, su antiguo club, por incumplimiento de contrato. Las directivas de ‘Las Águilas’ dijeron que el jugador carecía de la capacidad mental necesaria para el raciocinio, que estaba loco y no le pagarían el sueldo que debió recibir mientras estuvo en el hospital.

Salvador no recordaba muchas cosas, pero no había olvidado cómo jugar al fútbol. Comenzó a entrenar con el Club Libertad, de primera división paraguaya. Los doctores, que en un principio le dijeron que jamás volvería a patear un balón, terminaron por recomendarle la práctica de este deporte tres veces por semana. Al año siguiente jugó profesionalmente para el 12 de Octubre Football Club, de la tercera división de su país, equipo con el que había debutado en 1998, cuando tenía dieciocho años.

A inicios de 2013, Salvador Cabañas entró al General Caballero Sport Club, de la segunda división. Él, que ahora vive del todo con sus padres, pasó de ganar 130 mil dólares mensuales a un poco más de mil.

“Nuestros hijos venían de tener teléfono de última tecnología, jueguitos, todo. Ahora hay restricciones, eso lo tienen que aprender, todo eso cuesta y si lo quieren deberán obtenerlo con esfuerzo”, dijo su esposa, María Alonso Mena, quien no oculta la felicidad que le produce verlo de nuevo con la familia, a pesar de las limitaciones. “El que fue esposo, ahora se volvió como un hijo”.

Hoy Cabañas lucha para que su equipo ascienda a primera división. Ya no juega al lado de futbolistas internacionales, sino de algunos cuyo salario es aún más bajo que el suyo. Recorre 60 kilómetros diarios en automóvil para entrenar, sin saber siquiera si será titular. “No importa, el fútbol lo trae en las venas y nos conformamos con eso. Es una terapia para él estar ahí”, dice su esposa.

Cabañas sigue su vida como si nada hubiera pasado, como si no tuviera una bala en su cabeza. No recuerda aquella noche, el baño del bar, su vida pasada. Solo le teme a una cosa: dejar de jugar al fútbol.

-¿De qué voy a tener miedo?, ¿de qué voy a tener miedo? No, no tengo miedo.

kienyke

 

 

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