El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, opinó que el presidente Hugo Chávez ha dejado un vacÃo muy importante en su paÃs, pero probablemente su ausencia afectará con mayor intensidad a los paÃses del ALBA en la escena mundial o a Naciones Unidas.
“Cuando existe un tipo de liderazgo carismático, como sucedÃa en el caso del presidente Chávez, que es algo que, por lo demás, en América Latina se produce a menudo, aunque quizás no con la misma intensidad que con Chávez, es innegable que su ausencia deba notarse en Venezuela y fuera de ella. Probablemente, afectará con mayor intensidad a la presencia polÃtica de los paÃses del ALBA en la escena mundial o en Naciones Unidas, afirmó Insulza (Santiago de Chile, 1943) en una entrevista publicada en el diario español El PaÃs, al analizar el equilibrio de fuerzas en el seno de la organización tras la muerte del presidente venezolano, y al encarar el próximo mayo su octavo año en el cargo del organismo regional.
El chileno eludió responder sobre el impacto en la OEA, contra la cual el presidente Chávez trabajó en favor de otros nacientes organismos regionales. “La prensa tiene una obsesión con el ALBA. Me encantarÃa saber por qué no se habla tanto de México y Brasil como se habla de Venezuela o Ecuador. Esos dos primeros paÃses aglutinan casi los dos tercios de la población de América Latina y, naturalmente, tienen un peso muy relevante. Y, dicho sea de paso, México y Brasil fueron dos actores fundamentales en la creación de la Celac y en la constitución de Unasur, Brasil jugó el papel central. Por lo que creo que hay mucho de mito en esto de la influencia del ALBA, creo que es todo un poquito artificial”, señaló.
Luego agregó: “La OEA coexiste desde hace bastante tiempo con otros organismos regionales. Ese no es el problema de la OEA. El problema de la OEA es trabajar bien en las áreas que le corresponden, que son por naturaleza hemisférica, como comercio, inmigración, crimen, drogas, derechos humanos o la observación de los comicios. Eso es en lo que deberÃa preocuparse la OEA, sin molestarse demasiado por otro tipo de entidades plurinacionales”.
Insulza desestimó las crÃticas de su paÃs Chile acerca de un supuesto regreso al escenario polÃtico, si llega a abandonar la OEA, y aseguró estar “bastante ocupado con el proyecto de reforma del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, el informe de la OEA sobre las drogas y la transición de Venezuela”. “Nosotros estamos listos para participar y observar en el proceso de transición”, afirmó.
Al recordársele que Venezuela en los últimos años no ha permitido la presencia de ningún organismo de la OEA, indicó: que “serÃa bueno (para ese paÃs) que aceptara que la OEA enviara una misión para observar el proceso electoral”.
“Conozco el proceso electoral venezolano, conozco a su servicio nacional electoral y creo que están en condiciones de resistir cualquier observación electoral, porque su sistema electoral es muy bueno”, consideró.
Mencionó a la democracia como uno de los principales retos a los que se enfrentan los paÃses miembros de la OEA, y dijo estar satisfecho con la “evolución de un proceso en la región”. “No se le puede pedir a un continente que estaba lleno de dictaduras y guerras civiles hace 25 años, que sea plenamente democrático”.
Si bien reconoció que uno de los problemas actuales sobre ese desarrollo de la democracia en paÃses de la región, tiene que ver, con que “se tenga más confianza en lÃderes personalistas, como sucedió con Chávez, que en las propias instituciones”, dijo que “esto es un problema que América Latina ha tenido siempre y, en ese sentido, ciertamente estamos preocupados por la autonomÃa de los poderes judiciales y por los problemas de libertad de expresión en algunos paÃses”.
Citó como un caso concreto que en América Latina cuando se habla de libertad de expresión, se debe considerar el problema de la propiedad de los medios que “está brutalmente concentrada, el hecho de que no se pongan trabas por parte de los Gobiernos a la libertad de los medios de comunicación y tiene que preocuparse también por la violencia que se ejerce sobre los comunicadores sociales. Estas tres circunstancias, creo, se producen en todos los paÃses de la región. Las limitaciones de la democracia en América Latina se dan en más que en sólo cinco paÃses”.
El Universal