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De Interés: Nadie es mejor que nadie (María Elena Araujo Torres)

Mami2 De Interés: Nadie es mejor que nadie (María Elena Araujo Torres)

María Elena Araujo Torres

El título de este artículo es una frase muy trillada, dicha desde hace bastante tiempo, pues al parecer el concepto de superioridad humana se ha enraizado en las distintas sociedades del mundo a lo largo de la historia.

La existencia de reyes y sus derivados, así como de gobernantes superpoderosos han dejado un legado donde sus herederos han trascendido como seres superiores al resto de la humanidad por su herencia, linaje y alto poder económico.

Mucho se ha hablado de los personajes con sangre azul, refiriéndose obviamente al ADN de reyes, reinas y todos los integrantes de su árbol genealógico. Estos personajes han gozado de beneficios materiales inconmensurables y absolutamente distantes a la forma de vida de cualquier persona sin poder de algún tipo.

Y aunque muchas aguas han caído del cielo desde el enraizamiento de estos feudos, hoy las cosas no han variado mucho respecto a la concepción general que supone la superioridad que imbuye al poderoso.
La formación académica, las relaciones interculturales y las libertades de expresar los pensamientos han permitido entender que esas superioridades son inexistentes cuando hablamos de seres humanos con características físicas semejantes a cualquier hombre o mujer sobre la tierra.

Indudablemente que existen diferencias en los modos de vida, pues no es lo mismo vivir en una casa humilde con carencias materiales a habitar mansiones con todo el lujo inventado para hacer la existencia mas confortable fisícamente.

Aún con esas diferencias abismales en el modo de vida, hoy entendemos que ninguna persona es superior a nadie. Todos tenemos un cuerpo físico con características semejantes. No iguales pues precisamente nos caracterizan las diferencias de tamaños, color de piel, de ojos, textura de cabello y otros detalles corporales.Pero hasta donde se entiende, ninguna de estas características hace superior a un hombre sobre otro.

En cuanto a los conocimientos empíricos o estudios formales, también encontramos esa afortunada diferencia de inclinaciones hacia tareas, oficios y profesiones que precisamente integran nuestras relaciones. Cada rol complementa y equilibra al otro. El que asea un espacio, el panadero, carnicero, herrero, constructor, maestra, ingeniero, comerciante, médico, enfermera, periodista, economista, peluquero, odontologo. Cómo funcionarían las sociedades si no existiera esta multiplicidad de oficios y de personas que lo ejerzan. Sin embargo, realizar alguna de estas actividades o tener alguna de estas profesiones , no hacen a nadie superior a otro.

A lo largo de las diferentes generaciones ha habido quienes creen ser los escogidos o ungidos por encima del resto de sus congéneres, por haber estudiado en una universidad y obtener un grado académico. También quienes han nacido en familias pudientes económicamente o han obtenido altas sumas de dinero que les ha cambiado la vida de pobres a ricos y creen que sus respaldos bancarios los hacen más grandes que quienes dependen de un sueldo quincenal, mensual o sencillamente hacen marañas (realizan cualquier oficio) para conseguir el diario sustento.
Hay que reconocer que es importante estudiar y obtener un título porque implica un conocimiento sustentado y con bases científicas de los diferentes oficios para ejecutarlos adecuadamente. También que el dinero permite obtener comodidades materiales. Pero ninguno de los dos casos hace superior a un hombre sobre otro. Hace diferente su modo de vida.

Así entendemos que la superioridad humana es inexistente en nuestras sociedades. Existe solo en la mente de algunas personas que miden a otros por su poder económico, político o académico. Y obviamente así se miden a si mismos y a los suyos. Por eso a veces vemos a gente que mira con aires de superioridad o sencillamente no miran a quienes consideran cualquier cosa. Otros lo piensan y tratan a las personas con aparente cordalidad creyendo que les hacen un favor siendo ellos mejores o superiores económica o intelectualmente.

Hoy afortunadamente sabemos que la sangre azul no existe, que nadie tiene superpoderes especiales por tener más o menos dinero que otro, y que la formación académica te hace manejar mejor determinados conocimientos pero no superior a otra persona. En pocos terminos, nadie es mejor que nadie.

María Elena Araujo Torres

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