El tÃtulo de este artÃculo es una frase muy trillada, dicha desde hace bastante tiempo, pues al parecer el concepto de superioridad humana se ha enraizado en las distintas sociedades del mundo a lo largo de la historia.
La existencia de reyes y sus derivados, asà como de gobernantes superpoderosos han dejado un legado donde sus herederos han trascendido como seres superiores al resto de la humanidad por su herencia, linaje y alto poder económico.
Mucho se ha hablado de los personajes con sangre azul, refiriéndose obviamente al ADN de reyes, reinas y todos los integrantes de su árbol genealógico. Estos personajes han gozado de beneficios materiales inconmensurables y absolutamente distantes a la forma de vida de cualquier persona sin poder de algún tipo.
Y aunque muchas aguas han caÃdo del cielo desde el enraizamiento de estos feudos, hoy las cosas no han variado mucho respecto a la concepción general que supone la superioridad que imbuye al poderoso.
La formación académica, las relaciones interculturales y las libertades de expresar los pensamientos han permitido entender que esas superioridades son inexistentes cuando hablamos de seres humanos con caracterÃsticas fÃsicas semejantes a cualquier hombre o mujer sobre la tierra.
Indudablemente que existen diferencias en los modos de vida, pues no es lo mismo vivir en una casa humilde con carencias materiales a habitar mansiones con todo el lujo inventado para hacer la existencia mas confortable fisÃcamente.
Aún con esas diferencias abismales en el modo de vida, hoy entendemos que ninguna persona es superior a nadie. Todos tenemos un cuerpo fÃsico con caracterÃsticas semejantes. No iguales pues precisamente nos caracterizan las diferencias de tamaños, color de piel, de ojos, textura de cabello y otros detalles corporales.Pero hasta donde se entiende, ninguna de estas caracterÃsticas hace superior a un hombre sobre otro.
En cuanto a los conocimientos empÃricos o estudios formales, también encontramos esa afortunada diferencia de inclinaciones hacia tareas, oficios y profesiones que precisamente integran nuestras relaciones. Cada rol complementa y equilibra al otro. El que asea un espacio, el panadero, carnicero, herrero, constructor, maestra, ingeniero, comerciante, médico, enfermera, periodista, economista, peluquero, odontologo. Cómo funcionarÃan las sociedades si no existiera esta multiplicidad de oficios y de personas que lo ejerzan. Sin embargo, realizar alguna de estas actividades o tener alguna de estas profesiones , no hacen a nadie superior a otro.
A lo largo de las diferentes generaciones ha habido quienes creen ser los escogidos o ungidos por encima del resto de sus congéneres, por haber estudiado en una universidad y obtener un grado académico. También quienes han nacido en familias pudientes económicamente o han obtenido altas sumas de dinero que les ha cambiado la vida de pobres a ricos y creen que sus respaldos bancarios los hacen más grandes que quienes dependen de un sueldo quincenal, mensual o sencillamente hacen marañas (realizan cualquier oficio) para conseguir el diario sustento.
Hay que reconocer que es importante estudiar y obtener un tÃtulo porque implica un conocimiento sustentado y con bases cientÃficas de los diferentes oficios para ejecutarlos adecuadamente. También que el dinero permite obtener comodidades materiales. Pero ninguno de los dos casos hace superior a un hombre sobre otro. Hace diferente su modo de vida.
Asà entendemos que la superioridad humana es inexistente en nuestras sociedades. Existe solo en la mente de algunas personas que miden a otros por su poder económico, polÃtico o académico. Y obviamente asà se miden a si mismos y a los suyos. Por eso a veces vemos a gente que mira con aires de superioridad o sencillamente no miran a quienes consideran cualquier cosa. Otros lo piensan y tratan a las personas con aparente cordalidad creyendo que les hacen un favor siendo ellos mejores o superiores económica o intelectualmente.
Hoy afortunadamente sabemos que la sangre azul no existe, que nadie tiene superpoderes especiales por tener más o menos dinero que otro, y que la formación académica te hace manejar mejor determinados conocimientos pero no superior a otra persona. En pocos terminos, nadie es mejor que nadie.
MarÃa Elena Araujo Torres