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Cerramos el carnaval con “Rafito”, un abuelo de 84 años quien habló sobre las fiestas del Maracaibo de antaño

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Rafael Quintero “Rafito” comentó a NAD todas sus anécdotas del carnaval de la Maracaibo de antaño

Con ocho décadas vividas, un espíritu joven y una memoria que muchos a su edad envidiarían, Rafael Quintero, habitante de la parroquia Santa Lucía de Maracaibo, contó a NAD los detalles de los carnavales en la ciudad y que a sus 84 años aún recuerda con claridad.

 Emocionado por revivir esos momentos y con gran amabilidad, “Rafito”, como es conocido, nos abrió las puertas de su memoria, un libro de la historia marabina que con todo gusto nos permitió hojear para indagar sobre los carnavales de antaño.

Los tipos de carnaval

“Rafito” comentó que en la ciudad existieron diversos tipos de carnavales que dependían de cada clase social. “El primer carnaval era el del Club El Comercio, al cual asistía la clase pudiente de la ciudad. Otro era el de la gente menos adinerada, pero con carro. Éstos adornaban sus vehículos, que tenían cubierta descapotable y salían durante tres días a las calle llevando personas con disfraces lujosos y pomposos. El otro era el de los ‘populachos’,  personas que andaban  a pie y que se disfrazaban y desfilaban en comparsas en las plazas, y por último estaba el popular carnaval del ‘Mamarracho’ y  las ‘Negritas’, los cuales  perturbaban a los presentes con sus insinuaciones, pero cuando veían que la cosa se iba calentando, paraban sus juegos”, manifestó

El abuelo detalló  que las personas del “populacho” andaban por las calles “metiéndose con todo el mundo”, mientras que los que iban en carros lanzaban  pitos, serpentinas, sopladores y caramelos.

Las agrupaciones musicales de la época también participaban en estas celebraciones en los populares templetes realizados en las principales plazas de la ciudad y clubes privados. “Recuerdo que había una agrupación que se llamaba Estampas Líricas Musicales, la cual considero la mejor agrupación juvenil de la época, que siempre participaba en las comparsas. También venían Los Melódicos, la Billo’s Caracas Boys, entre otros, a amenizar los espectáculos musicales”, refirió.

Quintero señaló que durante las festividades carnestolendas las empresas más prestigiosas realizaban sus carrozas y comparsas alusivas al trabajo que desempeñaban. “Por ejemplo, si era una empresa petrolera, hacía réplicas de sus maquinarias y se disfrazaban de trabajadores petroleros”, indicó.

Las restricciones

Toda fiesta pública y donde participan demasiadas personas debe tener una restricción, es por ello que durante la época de la dictadura del general Marcos Pérez Jímenez, e incluso en gobiernos anteriores, se impusieron algunas restricciones para evitar el descontrol en la ciudadanía.

“Antes, todo el que se disfrazara debía ponerse una máscara, pero a veces echaban una lavativa y no se sabía quién era, fue por eso que hicieron un decreto precisando que el disfrazado tenía que ir a la jefatura, presentar su cédula y le ponían un cartel con un número. Si echaba una vaina, la víctima iba para allá, lo denunciaba al indicar el número, y luego lo detenían”, afirmó Quintero.

Entre anécdotas y risas, Quintero señaló que una vez estaba en la plaza junto a un compañero “tomándose unas cervecitas” y su amigo le dijo: “No vamos al Naiguatá”, a lo que este respondió que cómo iban a asistir al club si no tenían disfraces. “Mi amigo le pidió a un chino, que tenía un negocio, tres bolsas de pan grandes, las agarramos, les hicimos unos huequitos y nos la colocamos en la cabeza. Cuando llegamos allá nos dijo el portero: ‘¡Uy, se lo gastaron todo en la careta’”, evocó.

Recordó que en esa misma ocasión, al ingresar al club, no había terminado de llegar a la tarima cuando se formó el “zafarrancho” y llegó la policía. “Nos iban a detener, pero como apenas íbamos llegando, nos dejaron ir”, precisó.

Juegos tradicionales del carnaval de antaño

Los carnavales en Maracaibo se caracterizaron por la jocosidad y sus juegos populares. “Rafito” dijo que existía una modalidad que era la más tradicional de todas, la cual era jugar con agua en esta temporada, ya que todo el que pasaba por la calle era mojado.

“Una vez, yo venía por una calle de Santa Lucía caminando, cuando vi que a una señora que cargaba a un niño en brazos, la mojaron. Ellos (los bromistas) no sabían que el muchacho venía ardiendo en fiebre, y me tocó meter a la mujer dentro del carro con el niño y llevarlos al hospital. Otra anécdota que recuerdo fue frente al retén en Bella Vista: una señorita iba en una ‘cola’ en un carro, y como los muchachos ya no tenían agua, le lanzaron una lata. Tras recibir el golpe, tuvieron que salir con ella al hospital. Los juegos eran pesadísimos”, reiteró Quintero.

Entre los diversos juegos tradicionales, también se divertían con un polvo llamado azullilla y con maizina.  “Una enamorada me bañó con maizina, y por venganza agarré dos litros de agua, le eché lo mismo, azúcar e hice un ‘melao’. Cada vez que ella me veía, se escondía, y en un descuido no le dio tiempo y logré meterme hasta su cuarto y le eché la mezcla  encima. Después me decía: ‘Me tienes que pagar el colchón porque lo lavo y lo lavo y vive lleno de hormigas’”, comentó entre risas “Rafito”, al rememorar una de las tantas anécdotas de sus carnavales.

“Otra cosa que hacían mucho eran juegos como las populares ‘Cucalñas’, que se trataba de tres triángulos de madera atrevesados por una T, y uno tenía que tratar de atravesarlos; el palo encebado, al cual le ponían una banderita y lo ‘empatucaban’ de grasa de carro para que uno subiese a agarrar la bandera, y lo hacían en plazas. Había otro que era el ‘cochino engrasado’, en el que afeitaban a un cochino, lo llenaban de grasa de carro y lo soltaban. Ahí iban 40 o 50 personas detrás del animal. El que lo agarraba se ganaba un premio monetario”, destacó Quintero.

“Rafito” opinó que los carnavales de Pérez Jiménez fueron los mejores de todos y con certeza aseveró que luego de ese gobierno las festividades carnestolendas decayeron, quedando solo en los recuerdos de quienes las vivieron.

“Es difícil que se retomen esas costumbres porque hoy en día hay muchos medios de distracción que llaman más la atención de los jóvenes. Ahora siempre prefieren ir a la playa, incentivados por cuestiones comerciales. Ahí es donde se llenan de plata los diseñadores de trajes de baño, porque en cada temporada la gente quiere asistir a los balnearios, por lo que dejan  las plazas e iglesias de la ciudad desoladas”, culminó su relató “Rafito”, quien se puso a la orden de cualquier persona que lo  necesite para abrir el libro de su memoria y trasladarlo a los momentos históricos de la Tierra del Sol Amada.

Carmen Martorelli/@cvmartorelli

Fotos: José D. Carrillo

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