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Esta parejita tiene 70 años de casados, y todavía se quieren

psrj Esta parejita tiene 70 años de casados, y todavía se quierenArgentina.- ¿Perseverancia?, ¿suerte?, ¿adaptación a las circunstancias?, ¿tolerancia? o ¿amor declarado y constante? Póngale el lector la justificación que prefiera, pero no puede negarse que cumplir 70 años de casados constituye una noticia que no se repite a menudo, y más en tiempos donde las separaciones de pareja están a la orden del día.

Sea como fuere, Armando Pizolatto (92) y María Luisa Musso (88), acaban de cumplir bodas matrimoniales de titanio, que así se califican a las uniones por siete décadas.

Los Pizolatto-Musso nos remiten a familias de Luján de Cuyo, segunda generación de esforzados inmigrantes italianos que vinieron a trabajar y a sembrar con hijos y descendientes el suelo cuyano.

Hoy Armando y Luisa viven rodeados del cariño que les prodigan sus hijos Hugo Miguel (67),  ex jugador de Luján Sport Club; Carlos (64), recordado delantero del mismo club, y María de Lourdes (58). Y la descendencia de 7 nietos y 9 bisnietos.

Alojados confortablemente en un hogar de la tercera edad de la calle Falucho de la  ciudad de Maipú, tienen la tranquilidad de haber transitado una vida de entrega, sacrificio y buenas acciones.
Armando fue durante más de 30 años empleado de la Zona Industrial de la YPF estatal, y Luisa, sencilla ama de casa y animadora de Cáritas departamental, donde se la recuerda como una servidora leal y constante.

La veterana pareja habitó y crió a sus vástagos en la calle Alvear al 300, de Luján de Cuyo.
Se conocieron a comienzos de los años ’40, en un baile que se hacía un club que estaba en la finca de la firma Arizu, en Tres Esquinas (Perdriel).

Sin medios de movilidad propia (posibilidad escasa en aquella época), el aspirante a consorte llegó a esa reunión acompañado de un primo y compinche de andanzas, Armando Nonino (ya fallecido). “En realidad la ‘culpa’ de todo la tuvo mi primo, porque él pretendía a la hermana mayor de mi mujer, Teresa Musso, y me pidió que lo acompañara para de alguna manera ‘tenerle la vela’. Y fue así que conocí a Luisa, que entonces tenía 15 años”, contó sonriente el varón de esta historia.

Pero, no hizo falta mucho esfuerzo para que el romance se encaminara, porque el joven de 19 años y la muchacha congeniaron rápidamente, lo mismo que la otra pareja que también formó hogar.

El problema era visitar con cierta frecuencia a la media naranja, ya que Armando vivía en la calle Viamonte, de Chacras de Coria, cerca de la “piedra pintada”, donde su padre era contratista de una finca, y la quinceañera en la calle Brandsen, de Perdriel.

Noviazgo a pedal

Sin auto propio y con escasos o casi nulos servicios de transporte, el novio hacía el recorrido, de unos 10 kilómetros de distancia, en bicicleta, en ocasiones solo y las más de las veces acompañado por el otro pretendiente, el primo Nonino.

Pizolatto fue consecuente con la bicicleta durante décadas, y aunque con los años tuvo su coche particular, nunca abandonó las dos ruedas, y sólo lo hizo cuando hace 5 años un descontrolado automovilista lo atropelló en la avenida Sáenz Peña y lo dejó al borde de la muerte. Sus hijos no lo dejaron pedalear más.

La dama

“Yo estaba con mi madre y mi hermana Teresa. Él me sacó a bailar y antes de que terminara la fiesta, preguntó dónde vivía, lo que me agradó porque a mí me gustó a primera vista. Y fue así que empezó a visitarme”, confesó Luisa.

Armando fue un típico agente de YPF de la primera época estatal, una clase obrera y de empleados medios que contribuyó al crecimiento comercial y urbanístico de Luján con sus desembolsos y afán de progreso. Cuando terminaba la jornada en la empresa petrolera, se dedicaba a su taller de hojalatería, oficio que desarrollaba con poca competencia en la jurisdicción. Son muchos los lujaninos a los que don Pizolatto les arregló canaletas y drenajes de agua en sus casas o les reparó artefactos, y hasta inventó un calefón a querosén, que muchos hogares del departamento instalaron.

El casamiento

Ambos recordaron la ceremonia en la iglesia Nuestra Señora de Luján, en diciembre del ’43, donde los casó el párroco Vicente Guasch, tras cuatro años de noviazgo. Él de 22 años y ella de 19. “Hubo tantos invitados en la fiesta, que nuestros padres creían que iba a faltar la comida”, recordó el ypefiano, temor que no se cumplió “porque el banquete alcanzó para todos”.

Las razones de tan larga convivencia fue explicada por el jefe de la familia. “¿Los motivos?. No sé… aguantar… no, no, aguantar suena feo, tolerancia, creo que fue eso, tolerancia y el amor de uno hacia otro”. Luisa aportó lo suyo: “La vida de casados ha sido muy linda; a veces me quedaba sola por las comisiones de Armando en los campamentos (de YPF), pero también hemos viajado mucho por el país y a Chile”. No hubo viaje de luna de miel, que no era tan habitual en aquellos tiempos, y la vida en unión “empezó” de inmediato, con las rutinas, desvelos y alegrías afines a miles de parejas como la que ellos formaron y aún persiste.

 

Los Andes (Argentina)

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