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EL CAPITALISMO GENERA-CHÁVEZ (Ramón Alberto Escalante)

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Ramón Escalante

Yesenia se atragantó con un pedazo de carne y corrió a usar su póliza de medicina pre-paga, pero mientras se asfixiaba le exigieron 25 mil bolívares fuertes para atenderla. Desesperada porque ese monto sobrepasaba su cobertura llegó al Hospital Universitario donde en forma gratuita, en tiempo récord, le resolvieron la crisis, salvándole la vida.

Zaida pasó ayer cuatro horas en una cola insufrible, no de Mercal ni para conseguir azúcar, sino salvándose de una multa-castigo por retraso, pagando en una Universidad, donde un solo oficinista, malhumorado por el stress, con un solo terminal factura miles y miles de bolívares, sin que los dueños del instituto quieran invertir en la infraestructura y el personal necesarios.

Gerardo necesitaba una camioneta nueva para trabajar. Se anotó en una lista en una concesionaria, esperó meses y años, los carros supuestamente nunca llegaban hasta que desesperado acudió a la reventa privada, y así, con un sobreprecio del doble, es decir, trescientos millones más, logró conseguirla, cero kilómetros, también nueva de agencia.

Con Chávez gravísimo, quizás agonizante y ya de pasada en la escena nacional, a catorce años del primer tsunami electoral que él encarnó, todavía el factor privado venezolano sigue sin reconocer las causas profundas que dieron origen a su irrupción y posicionamiento. Fueron los excesos, el primitivismo del salvaje capitalismo lo que por inercia generó un renacimiento en Venezuela del socialismo ya demodé a escala mundial.

Me cuesta escribirlo porque la mayoría de mis amigos del alma y compañeros de la vida están comprometidos en la lucha “contra el régimen”. Catorce años coreando dictadura y comunismo, secuestro de los poderes públicos, pero su predicamento sigue siendo extraordinariamente popular y aún capaz de ganar nuevos respaldos, en gente de clase media agobiada por el mercantilismo exacerbado.

Todavía a estas alturas, con el riesgo que termine encarnándose en una iglesia política nacional, un culto laico, un confesionalismo religioso-político como el de los chiitas, la campaña en su contra sigue desenfocada y ciega. La clave nunca fue el uniforme militar, ni el mítico G2 cubano, ni el precio del petróleo ni las dádivas, ni siquiera la utopía de una casa para cada quien. Siempre fue la dación de esperanza, el inconformismo, porque catorce años después, todavía se da la paradoja que Chávez parece la opción de cambio y nosotros, el “ancien régime”, es decir, lo que hay que cambiar.

Y escribo estas líneas porque soy politólogo y mi profesión no debería ser de pasiones y juramentos sino de análisis y reflexión. Nunca voté por él, sí publiqué e hice campaña por Salas Römer, estuve en el comando de Eduardo Fernández en 2011, todavía sigo creyendo en la economía social de mercado pero de este lado hemos estado equivocados.

Nunca bastó querer salir de Chávez. Había que redimensionar la oferta programática del capitalismo. Había que enarbolar el capitalismo humanista, solidario, quizás a través de la filantropía. Pero en estos catorce años el empresariado grande, mediano y pequeño dijeron el problema no es nuestro, sálvese quien pueda y la pasión por el lucro se desencadenó en todas las instancias. Así desde la indolencia privada le inocularon al venezolano la necesidad de las regulaciones de precios, los allanamientos y decomisos. Siempre el Gobierno haciendo el rol del bueno y el factor privado en el rol del malo, digo, del vivo.

La ineficacia del Gobierno es indiscutible. Colas, escasez, multimillonario contrabando de extracción hacia Colombia, desabastecimiento cíclico, eso era previsible, inevitable. Pero la tragedia es que quienes debían proponer la alternativa,  mostrar otra vía, estaban al otro lado, viendo a ver que agarraba cada quién para si mismo. Por eso hemos estado así, atrapados y sin salida.

Todavía peor, le han dejado la exclusividad del protagonismo a los ricos herederos: Capriles Radonski, Machado Zuloaga, López Mendoza, quienes estando obligados, no abordan el tema neurálgico de la reconversión del capitalismo. Y los estadistas que han leído historia, que antaño han militado en proyectos populares como el mismo Ramón Guillermo Aveledo, asumen mansamente su rol en la contribución pasiva para que todo siga igual.

 

(*) Abogado y Politólogo                        [email protected]

 

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