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Maturín podría permanecer más de 3 meses sin agua por tubería

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Foto: El Nacional

Maturín, la capital de Monagas, podría permanecer más de tres meses sin recibir agua por tuberías debido al derrame de crudo ocurrido el 4 de febrero en el Complejo Operacional Jusepín y que afectó a la planta potabilizadora de Bajo Guarapiche, lo que obligó a suspender el servicio a 80% de la población.

La capital podría estar hasta siete meses sin el líquido, según Sandra Alfaro, precandidata a la Alcaldía del municipio Maturín.

“Es el derrame más grande de la historia del país. Hay algunos expertos señalan que es el más grande de Latinoamérica y nosotros estamos alarmados. En Maturín no habrá agua por muchísimo tiempo y algunos especialistas hablan de tres a siete meses porque el problema radica en que no es fácil tratar el agua otra vez para el consumo humano”, dijo.

Antonio Rivas, presidente de la Fundación Ecológica Ángeles por la Humanidad, indicó: “Estamos hablando de 40 kilómetros aproximadamente de contaminación. Aunque no puedo apresurarme a predecir un tiempo determinado, sí puedo afirmar que se trata de meses para la descontaminación ya que el impacto es amplio”.

Rivas mencionó que otro de los factores que influye es que actualmente no se sabe con qué equipos especializados cuenta Pdvsa para atender la situación en el menor tiempo posible.

Para el ex presidente del Instituto para la Conservación del lago de Valencia, Pedro Escarrá, el derrame en Monagas causará un gran impacto debido a la inoperancia de los planes de contingencia de la empresa petrolera.

Aseguró que si las alarmas tempranas se hubiesen activado, la empresa hidrológica hubiera estado en alerta para que las aguas del río no llegaran a la planta potabilizadora. “Esto supone que ahora deberán hacer un mantenimiento mayor que podría durar de uno a tres meses, dependiendo de la atención que le coloquen las autoridades”, afirmó Escarrá, quien también es integrante del Frente Cívico para el rescate de la cuenca del río Pao y del lago de Valencia.

Enfatizó que una vez terminada la fase de limpieza, será necesario efectuar pruebas para evaluar el nivel de potabilización de las aguas y de ese modo verificar su calidad antes de ser distribuida para el consumo humano.

Entre envases y cisternas
La vida de un ciudadano común y corriente de Maturín cambió radicalmente después del 4 de febrero, pues ahora una de sus principales preocupaciones es conseguir agua.

Envases de cualquier tamaño son insuficientes debido a la situación presentada en la ciudad. Botellas de agua mineral, tanques de 10 litros, envases amarillos, rojos, azules o verdes se agrupan en los frentes de cada vivienda, mientras las familias esperan el camión de aguas, como lo llaman. En sus manos sostienen ollas, vasos, tazas que utilizan como mecanismos improvisados para la obtención.

“Sólo me queda un balde”, “me modificaron el horario del suministro, de media hora a diez minutos”, exclaman las personas con rabia y frustración.

En las radioemisoras no paran las llamadas en las que solicitan a las autoridades municipales y regionales el suministro de agua, que hasta ahora continúa siendo deficiente para cubrir a toda la población afectada.

El Nacional