Hace 89 años un fogonero colombiano lideró en Mene Grande la primera huelga petrolera

Huelga en Menegrande

Cansados del trato despótico, arbitrario y humillante de los jefes extranjeros, los trabajadores petroleros venezolanos de la Venezuela Oil Concessions que trabajaban el Campo Mene Grande, levantaron su voz furiosa de protesta la mañana del 25 de julio de 1922.

Era un acto inédito, pues ninguno de los 120 obreros que estaban contratados, entre ellos algunos pioneros que hicieron salir petróleo en el pozo Zumaque I en 1914 en el famoso cerro La Estrella, se había atrevido retar hasta ese momento a la mencionada empresas angloholandesa para exigirles mayores beneficios económicos, sociales y respeto a los derechos humanos.

Todos se habían arriesgado a probar suerte en la extracción del oro negro que demandaban con ansiedad los grandes potencias del mundo, aislándose prácticamente en las selvas inhóspitas que cubrían al río Motatán, donde la célebre Venezuela Oil Concessions, más conocida por las siglas V.O.C., había tenido la fortuna de perforar el primer pozo que le dio fama al país.

Durante 8 largos años habían soportado con estoicismo una jornada de trabajo de 12 horas continuas, quizá más, un sueldo mísero para quien arriesga su vida en una selva dócil pero todavía desconocida. El mayor privilegio que tenían era recibir una dosis diaria de quinina para evitar caer víctima del paludismo ante la acción artera de los zancudos y alimañas que abundaban en esos años en el área de Mene Grande. Sin embargo, era de dominio público que las muertes por el paludismo eran frecuentes, y que quien fallecía en ese recóndito paraje del sur del Lago de Maracaibo estaba destinado a ser sepultado irremisiblemente en un lugar desconocido.

Las deplorables condiciones de trabajo, y la expoliación permanente a la que estaban sometidos los obreros eran actos cotidianos que se ejecutaban a sabiendas y con la cínica complacencia del dictador Juan Vicente Gómez y sus acólitos palaciegos, muchos de los cuales ya habían vendido al capital foráneo las concesiones petroleras recibidas por sus favores o relaciones con el gobierno del Benemérito.

Ese 25 de julio de 1922, día de San Santiago, un fogonero de origen colombiano llamado Augusto Malavé, quien solía conducir un rústico trencito de carga desde San Timoteo hasta Mene Grande, lanzó sorpresivamente esa mañana una arenga a los trabajadores exigiendo un aumento de salarios.

“Con tres bolívares diarios no vive un conuquero”, dijo con valentía el líder de la revuelta frente a los “musiús” de la V.O.C. Los jefes “gringos” del campo Mene Grande no daban crédito a aquel atrevimiento del corajudo fogonero, cuya arenga recibió el respaldo inmediato de la mayoría de los obreros.

Desde julio de 1914, fecha cuando fue descubierto el pozo Zumaque Uno que dio origen al Campo Mene Grande, los jefes extranjeros habían fijado las condiciones de trabajo, todas ellas totalmente explotadoras y denigrantes. Augusto Malavé exigió a sus patronos un horario de ocho horas diarias en lugar de las doce que estaban obligados a cumplir. Solicitó no trabajar más los días feriados y que las vacaciones les fueran remuneradas.

No conforme con lo anterior reclamó también para sus camaradas casas decentes ya que en las que vivían no eran más que unas deplorables casuchas de paredes de bahareques y techos de enea. Las peticiones incluían igualmente suministro de agua potable, servicios sanitarios y eliminación de las multas en dinero o los arrestos que se solían imponer a los trabajadores por cualquier motivo a través del jefe civil.

La huelga tuvo una duración de nueve días. Durante ese lapso la empresa V.O.C. trató de quebrarla infiltrando esquiroles y comprando la conciencia de algunos obreros ofreciéndoles dinero. El gobierno de Juan Vicente Gómez ordenó, a solicitud de los jefes extranjeros, reprimir a los huelguistas y encarcelarlos.

Pero esta acción no se llevó a cabo al aceptar el patrono solamente una parte de las exigencias de los obreros luego de largas conversaciones. Algunos de los participantes en esta huelga afirmaron años después, que el movimiento obrero recibió de manera secreta el respaldo de perforadores y capataces norteamericanos con formación marxista que habían sido sindicalistas en su país. Una anarquista de origen español, llamado Domingo Mariani, que trabajaba en el campo y ávido lector del marxismo, fue quien se ocupó de adoctrinar a Augusto Malavé.

A juzgar por los resultados obtenidos, la huelga petrolera de 1922 logró objetivos ínfimos para las demandas reales que se formularon. Si bien el salario pasó de 3 a 6 bolívares diarios, muchas de las otras peticiones no fueron satisfechas. Los huelguistas se conformaron con ese ligero incremento salarial, con el mejoramiento de algunas condiciones en casas habitaban, y con agua potable en un filtro con hielo.

De Augusto Malavé no se supo más nunca de él, pues desapareció misteriosamente una semana después que culminara la huelga. Corrieron rumores de que la V.O.C. había ordenado su asesinato. También se decía en esos años que su desaparición física la habían ejecutado los esbirros del gobierno de Juan Vicente Gómez.

Esta huelga, sin embargo, constituyó un hito relevante en la historia sindical venezolana, toda vez que permitió conocer que  para realizar la explotación petrolera en el país era necesario establecer condiciones de trabajos más justas y mejor remuneradas.

Por lotro lado, quedó demostrado que el desarrollo de la industria petrolera conllevaba a la creación de un fuerza laboral distinta a la que habían en ese momento en el país.  Asimismo, abrió las esclusas para que emergiera una nueva clase social y líderes políticos que se ocuparon de crear los primeros sindicatos de obreros petroleros en el país, de los cuales fueron impulsados la creación de los primeros contratos colectivos de trabajo.

Vinicio Díaz

Noticia al Día

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