El primer hombre que vio a Maracaibo desde el cielo

Globo aerostático visto cerca de la Plaza Baralt en 1912

El 22 de febrero de 1912, la tranquilidad que solía reinar en Maracaibo se vio alterada inesperadamente. Era temporada de carnaval, una festividad que en esos tiempos decimonónicos se solía celebrar con mucha sobriedad y recato…

Sin embargo, la ciudad ese día rebullía por todos lados pues se corrió la noticia de que en los alrededores de la Plaza Baralt, y frente al edificio McGregor, había un enorme globo aerostático que estaba siendo inflado con aire caliente por un aventurero húngaro de apellido Katiel, quien estaba decidido a volar en él en un despejado cielo marabino.

Y en efecto, el arrojado Katiel, luego de terminar de llenar una tela forrada de goma de color blanco con el aire caliente que salía de una estufa construida en el suelo, delineó la figura imponente de un globo de 30 metros de altura, y se dispuso a desafiar los elevados espacios que cubrían la ciudad.

Algunos de los presentes apostaron más de diez pesos a que el globo no se elevaría, otros, menos escépticos, aceptaron el reto doblando la apuesta. Un cochero maracaibero de nombre Carlos Luis Medina se ofreció para ayudar al “húngaro loco”, apodo éste que de inmediato le endilgaron a Katiel los ocurrentes citadinos. Medina fue el encargado de soltar las amarras que aferraban el globo a la tierra.

Al quedar liberado, el globo se fue elevando lentamente hasta alcanzar una altura de casi dos mil metros. Pocos minutos después Katiel veía desde la angosta cabina de su nave a unos alborozados maracaiberos que, abajo en la tierra, agitaban sus brazos como aspas en señal de celebración. El “húngaro loco” se sentía un héroe desde su privilegiada posición en las alturas al saber que había consumado la increíble hazaña de volar en el cielo marabino…

Katiel, cuyos datos personales fueron siempre un misterio, sobrevoló la ciudad durante casi una hora convirtiéndose así en el primer ser humano que veía a Maracaibo desde lo más alto del cielo. Mientras estuvo en el aire el globo no presentó problemas. Las cosas se pusieron difíciles cuando Katiel decidió descender el aparato. Con el mismo temple que empleó para subir, el arriesgado piloto realizó malabares y todo tipo de peripecias para hacer descender su nave.

Finalmente logró aterrizar aparatosamente en un descampado ubicado en lo que en esa época llamaban Mercado de Los Piojos, muy cerca del Lago de Maracaibo, donde fue auxiliado por un grupo de jóvenes y niños que habían seguido la ruta del descenso del globo desde su inicio hasta el final corriendo por toda la ciudad. Katiel al salir de su nave recibió abrazos y vítores, y por momentos fue paseado en hombros.

Ese 22 de febrero de 1912 fue la primera vez que los habitantes de Maracaibo vieron con sus propios ojos, y llenos de asombro, un globo aerostático con un ser humano abordo volando sobre la ciudad. La primera referencia que se tiene acerca de los globos aerostáticos en Venezuela data del 20 de enero de 1785. Esa fecha, Gonzalo Torres de Navarra, a la sazón gobernador y capitán general de la provincia de Venezuela, organizó en Caracas una exhibición para festejar el cumpleaños del Rey de España Carlos Tercero.

Las dimensiones de ese globo eran de 15 metros y en la composición del gas se utilizó aceite y papel, Sin embargo, en esa exhibición en el globo aerostático no había un ser humano a bordo, como sí ocurriría aquí en Maracaibo casi 150 años después.

Katiel no realizó su exhibición de manera gratuita. Un grupo de comerciantes locales financiaron su proeza colocando avisos de sus negocios sobre la parte inferior del globo. La tienda “La Tijera de Oro”, especializada en la confección de trajes a la medida en telas de dril y casimir, fue una de ellas. Los comerciantes Ramón Fuenmayor y Casimiro Semprun, ambos muy conocidos en esa época, estamparon sus nombres para anunciar que en sus negocios se vendían artículos para el hogar.

También fue colocada en la tela del globo la marca de un medicamento casero muy usado en esos años llamado Emulsión Rincón, cuyas propiedades curativas eran dadas a conocer con esta frase sentenciosa y lapidaria: “la que cura, porque sí”.

Este hecho de anunciar marcó sin duda un precedente histórico toda vez que se empleaba, por primera vez, un medio publicitario “no convencional” para dar a conocer marcas comerciales.

Después del globo de Katiel los maracaiberos esperaron apenas unos diez meses para ver volar, como similar asombro, el primer avión que llegó a estas tierras. Pero fue “el húngaro loco” quien los llevó a conocer que estaban en el siglo 20 y que el cielo había dejado de ser un dominio exclusivo de las aves.

Vinicio Díaz Añez

Noticia al Día

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