Alianza de mis recuerdos

Cuando un maracucho de más de cincuenta años, anda por la avenida El Milagro y  pasa por el Club Alianza, fijo, se le hace un nudo en la garganta. Es seguro, que desde el vehículo, mirando las instalaciones de lo que fue un moderno complejo social, la película de los recuerdos en su mente es interminable.

Resultado de la fusión de los vetustos clubes “Unión” y “Concordia”, el Club Alianza se convirtió, tras la puesta en funcionamiento de su sede en la avenida El Milagro,  en un centro social privado con una serie de novedades, que cautivaron a los maracuchos para la época: arquitectura modernista, bowling, piscina olímpica, vista al Lago de Maracaibo, concha acústica, restaurants, peluquería,  amplios salones, jardines, pista de baile y terrazas, entre muchas comodidades.

Pero lo que realmente marcó la pauta en el Club Alianza fueron sus inolvidables saraos. Multitudinarios carnavales hacían las delicias de los maracaiberos de los cuarenta, cincuenta y sesenta. Las propias rumbas, con orquestas nacionales y extranjeras, cantantes famosos, disfraces rimbombantes y las infaltables “negritas” que, en términos de diversión, se “robaban el show”.

Dan cuenta habitués de este centro social que muchas fueron las parejas que se enamoraron al compás de un bolero de Felipe Pirela o de una guaracha de La Billo Caracas´Boys. El ambiente distendido, la luna maracucha, el rumor de las olas del lago y la brisa salobre eran parte de la escenografía de una película perfecta donde el divertimento, la camaradería y el amor fluían.

No había fecha festiva en el calendario que en el Alianza no se celebrara: los Carnavales, Las Ferias de La Chiquinquirá, Las Navidades, El Día de La Raza, La Cruz de Mayo, El Día del Trabajador.  Comentan que el Bolerista de América, Felipe Pirela,  decía que,  si no  cantaba en el Club Alianza en alguna de sus visitas al terruño, no se regresaba contento. Posiblemente era debido a que su hogar materno, prácticamente colindaba con dicho centro social.

Caballeros trajeados y con corbatín, y damas con ampulosos vestidos a la usanza de los cincuenta plenaban la pista de baile y del chachacha pasaban a una conga, luego a un bolero y más tarde a una infaltable gaita tradicional,  esperando el silbato de la vecina Cervecería Zulia, dando un feliz año.

Pasaron los años y el Club Alianza decayó, la infraestructura envejeció, muchos miembros emigraron a otros clubes, se perdió la orilla del lago con el relleno para construir la Vereda del Lago. Paralelo a esto entraron nuevos miembros que no fueron del agrado de los que tradicionalmente hacían vida en el Centro Social. Así las cosas, la magia se esfumó. Hoy el añorado Club se mantiene en pie como sede de la Oficina Nacional Antidrogas.

Desde la Vereda del Lago, en noches tranquilas, a veces, vemos señoras y señores que con brillo en los ojos  miran al club, rememorando de seguro, las épocas más felices de su vida.

Carlos Montiel Franco

Noticia al Día

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