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El Sermón del Domingo. “Ayúdate que yo te ayudaré” Mateo 21: 28-32 (Rev. Germán Novelli)

German El Sermón del Domingo. “Ayúdate que yo te ayudaré” Mateo 21: 28 32 (Rev. Germán Novelli)

Constantemente escuchamos decir a otros un refrán muy particular: “Dios dice en la Biblia: ¡Ayúdate que yo te ayudaré!”. La idea es que en todos nuestros planes, aún en el marco de la voluntad de Dios, los seres humanos debemos hacer algo para que el plan divino, ligado a nuestros deseos, se cumplan.

De entrada tengo que decir que en ninguna parte de la Biblia está escrito ese texto. Tampoco está “A Dios rogando y con el mazo dando”, menos que cada persona tiene un destino, pues creer en el destino es pensar en un Dios, tan injusto, que fue capaz de seleccionar a unos para que les vaya mal y a otros para que sean exitosos. Creer que el destino está prefijado por el Creador es ser esclavo del fatalismo. Una cosa es que Dios, en su Omnisapiencia, sepa todas las cosas y otra es que Él tenga a favoritos a la hora de dar sus bendiciones.

Lo que enseña la Escritura es que Dios es bueno y perfecto, tan bondadoso que “hace llover sobre buenos y malos”. Dios está lleno de amor, al punto que su deseo, agradable y perfecto, es “que nadie se pierda”. Esa es la buena voluntad de Dios.

Las preguntas cruciales son ¿Cuál es la voluntad de Dios? ¿Es la voluntad de Dios agradable y perfecta como escribe San Pablo en su carta a los Romanos? ¿Agradable y perfecta desde mi punto de vista o desde el ángulo de Dios?

Se hace muy difícil abordartodo lo que enseña la Biblia en este tema, así que vamos a dedicar nuestro enfoque, sobre quienes hacen la voluntad de Dios y cómo responder positivamente al deseo de Dios para sus hijos y el mundo entero, cuyos principios no dudo, son aplicables a todas las esferas de la vida.

En el evangelio de Mateo 21: 28-32, Jesucristo comienza su enseñanza formulando una pregunta: ¿Qué les parece? Literalmente del texto griego: Τί δὲ ὑμῖν δοκεῖ ¿Qué les parece a ustedes? El pasaje está centrado en una parábola narrada por Jesús a los líderes religiosos judíos. Es el relato de un hombre, quien tenía dos hijos, a los dos les pidió lo mismo, ambos respondieron distinto, pero también actuaron diferente el uno del otro.

La voluntad de Dios implica obediencia

El padre de los muchachos deseaba que sus hijos le ayudaran en su viñedo, así que se los pidió. Empecemos por el segundo hijo. Mateo 21: 30 … el padre se dirigió al otro hijo … Hijo, ve a trabajar hoy en el viñedo. Éste contestó: “Sí, señor”; pero no fue.Veamos ahora la actitud del primer hijo. Mateo 21: 28 »… Se dirigió al primero y le pidió: “Hijo, ve a trabajar hoy en el viñedo.” 29 No lo deseo, no quiero hacerlo… pero después se arrepintió y fue.

Jesús hizo una pregunta a los maestros de religión, Mateo 21: 31 ¿Cuál de los dos hizo lo que su padre quería?Pensemos en lo que Cristo dice, dado a que estoy casi seguro que la mayoría coincide con la respuesta de los religiosos: —El primero —.

Uno de los hijos se negó, pero se arrepintió. El otro dijo que si “de la boca para afuera”. El punto es que Dios no solo escucha nuestras palabras, ve nuestro corazón, “Dios no puede ser burlado”. (Gálatas 6:7).Dios no piensa como nosotros, ni aplica el refrán: “La primera impresión es la que vale”. “El Señor no mira lo que mira el hombre, porque el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón”. 1ro. Samuel 16:7.

La voluntad de Dios demanda una actitud correcta

Inicialmente el muchacho le dijo a su padre, Mateo 21: 29 “No quiero”… pero después se arrepintió y fue. Si alguien nos responde de esta manera, seguro nos molestamos. Me ha pasado con mis hijos, estoy seguro que a muchos también. El punto clave, el que hace la diferencia de este muchacho en el criterio del Padre Dios está en la palabra: μεταμεληθεις,la traducción literal es: Arrepentimiento, cambio radical de actitud y pensamiento.

El arrepentimiento, en el criterio de Dios, es un acto maravilloso. Basta leer las Escrituras para darse cuenta como Dios insiste en ello, expresa su deseo de estar en paz con la humanidad, quiere escuchar sus oraciones, bendecirlos, Dios desea que los pecadores se arrepientan y se vuelva a Él, quien “tendrá misericordia y es amplio en perdonar”.

Esto encaja con lo que Jesús dice a los líderes religiosos y nos dice a nosotros:—Les aseguro que los recaudadores de impuestos y las prostitutas van delante de ustedes hacia el reino de Dios.Suena muy duro que Jesús ponga delante nuestro, a la hora de entrar al Reino de los cielos, a los publicanos, a las meretrices, y podemos agregar más títulos desdeñables, hasta llegar a repetir la frase de Ripley: “Aunque usted no lo crea”, pero el Señor añade la razón para esta posición de privilegio en el Reino, Mateo 21: 32 Porque Juan fue enviado a ustedes a señalarles el camino de la justicia, y no le creyeron, pero los recaudadores de impuestos y las prostitutas sí le creyeron. E incluso después de ver esto, ustedes no se arrepintieron para creerle.

Lo que hizo y hace la diferencia en el trato con Dios y la entrada al cielo tiene que ver con el arrepentimiento y la fe.Somos salvos por la gracia de Dios en Cristo. No importa quienes fuimos, porque todos somos pecadores y condenados, pero la dulzura del evangelio llegó a nuestros oídos por la Palabra y el Espíritu Santo hizo el trabajo de darnos la fe para decir: Sí Señor Jesús, soy tuyo.

Otros, esos otros son los religiosos que escuchaban a Jesús, hicieron lo contrario.Rechazaron la gracia de Dios, las Palabras divinas dadas a Juan el Bautista, también despreciaron a Jesús y la palabra de Dios anunciada por los apóstoles, por eso se condenaron, no porque Dios no quiso salvarlos, sino porque no creyeron. “Los que no creen están condenados, porque no le creen en el Hijo de Dios”.

Esto pasa hoy. Cuántas personas desprecian la Palabra de Dios, el mensaje que predicamos, en cambio las que escuchan, se arrepienten y creen, aunque hayan sido lo que hayamos sido, son hijos de Dios. Si lo duda mire al ladrón condenado a muerte por sus delitos, a quien Jesús le concedió la petición de estar con él en el Paraíso. Todos nosotros, como el citado malhechor,  fuimos pecadores, pero en Cristo se nos ha declarado el perdón y,por medio de Él, vamos al cielo, beneficiados por el efecto salvador de la Palabra de Dios.

La respuesta positiva a la Palabra de Dios no es el resultado de una decisión personal, mucho menos que Dios quiere ayudarme, pero yo le doy la ayudita creyendo. Creer demanda fe y la fe es un don de Dios que viene por la Palabra. “Nadie puede llamar a Jesús Señor, sino le es dado por el Espíritu Santo”.

Tal vez alguno de nosotros haya escuchado la Palabra, pero resistido al Espíritu Santo, pero la Palabra no regresó vacía y nos condujo al arrepentimiento y concedió la fe, hoy somos parte del viñedo de Dios.Hay también quienes insisten en rechazar a Cristo y la gracia de Dios.

La enseñanza clave es que Dios te busca por medio de Jesucristo para darte el perdón de los pecados y llevarte a su reino de gracia.¿Qué te parece? ¿Cuál es tu opinión? ¿Cuál de los dos hijos eres tú? ¿El que engaña diciendo que sí al Padre, pero no le obedece, o el que se arrepiente y cree?

Mi oración en este día es que el Señor haya sembrado fe en tu corazón y confieses que Jesucristo es tu Señor. Los hijos de Dios somos pecadores, pero pecadores perdonados por la obra de Cristo. Dios nos ha dado un espíritu nuevo: El Espíritu Santo. Nos ha dado un corazón nuevo: sensible a la voz del Señor.

Esta es la voluntad de Dios agradable y perfecta. Dios nos ayudó a todos, por su misericordia infinita, dio a su propio Hijo, para que todo el que en  Él crea no se pierda, más tenga vida eterna. Esa es la ayuda suficiente. Deje que Dios lo siga ayudando y saque sus manos de allí para que sea testigo de las grandes cosas que hace Él hace por cada uno de nosotros. Soli Deo Gloria. Amén.

Germán Novelli

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