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¡COMER A LO CUBANO..! ¡NO! (Javier Sánchez)

h ¡COMER A LO CUBANO..! ¡NO!  (Javier Sánchez)

Javier Sánchez

El Gobierno Nacional anunció que trabaja en la creación de una tarjeta de identificación con la que los ciudadanos podrán comprar alimentos y otros productos en los abastos Bicentenario.”La Cédula del Buen Vivir”.

Se trataría de un documento distinto al de identidad, que será expedido por el Banco de Venezuela y estará adscrito a las cuentas nómina de los ahorristas. Me atrevería a decir que es el mismo borracho de la fiesta pero con otro flux. Al Gobierno le encantaría que hubiera una tarjeta de racionamiento y ya asomó esta posibilidad pero con otro nombre.

No hay un mecanismo más severo ni más eficiente de dominio político sobre la población, que un control de los alimentos que consuma el pueblo. Con esto, les garantiza a todos los habitantes de un país las calorías necesarias, pero no así la calidad y la nutrición, que es donde está el problema. Con esta forma se puede distribuir (y es lo que piensan ellos) equitativamente las calorías dentro de la población.

Los cubanos toleran la tarjeta de racionamiento porque, con todas las limitaciones en materia de calidad, se garantiza que nadie pase hambre, y no hay mejor propaganda política para el régimen, sin importarle que el pueblo tenga los nutrientes necesarios. En muchos países socialistas la gente no pasa hambre, pero come muy mal,  en un medio donde hay desabastecimiento y mercado negro.

Con este mecanismo se viola el derecho fundamental de consumir lo que uno quiere o ingerir lo que puede,  según su condición, edad, peso, estatura, sexo y salud, no lo que el Gobierno imponga. Es el control total, si te portas mal, no te doy la cartilla, la libreta o tal vez algún día te suspendo la cédula y quedas excluido. Cuba confeccionó esta libreta de racionamiento de l2 páginas donde se anotan todos los productos que se venden en las bodegas estatales, los cuales se han suscrito eternamente a 5 libras de arroz, un cuarto libra de granos, dos onzas de café quincenal, medio jabón de tocador y de lavar, solamente cuando existen ofertas en los almacenes. Las carnicerías comenzaron vendiendo tres huevos por personas y algunas libras de pescado fresco como variedad, todo esto con una periodicidad quincenal, y otras veces mensual.

La carne y el pollo a media libra por persona, de forma esporádica en los primeros años del proceso, después desapareció como otros renglones alimenticios. El gobierno cubano continúa aferrado a esta idea, y la tiene como medio de solución alimenticia. Este pueblo nunca podrá disfrutar de una alimentación adecuada a las normas establecidas para el hombre, sino lo que pueda adquirir y eso de acuerdo a su capacidad económica y los que no, tienen que conformarse con la cuota normada .

El pueblo de Cuba, desnutrido, mal alimentado, y sin derecho a saciar su gusto, ni siquiera con productos nacionales, sobrevive al período especial gracias al arte del invento culinario. Desde marzo de 1990, han ido mermando paulatinamente de la lista algunos de ellos y otros han ido disminuyendo en su cantidad. La carne de res, el pescado, el papel sanitario, coletos de pisos, han desaparecido de la libreta.

Otros como el aceite vegetal, detergente, la manteca de cerdo, el azúcar, el pan, los frijoles, los huevos, el pollo, las viandas, hortalizas, pastas alimenticias y dentífrico, se vieron reducido notablemente su cantidad en las asignaciones. La libreta se renueva una vez al año y cada ciudadano debe canjear los productos en la bodega más cercana a su hogar.

La propuesta del gobierno venezolano con su “cédula” es para tener una “nueva cultura del consumo; es decir, para consumir lo justo”, según lo anunciado por el Jefe de Estado ¿Se parecerá esta propuesta a la libreta cubana de más de 40 años? Los venezolanos, por muy humildes que seamos, estamos acostumbrados a trabajar fuerte para “comer fuerte”, y meter los pies bajo la mesa tres veces al día y no tener el estomago pegado al espinazo como se observa en Cuba dentro de los pobladores más necesitados. Nos gusta tener la nevera al estilo grupo Guaco: ¡Full!, y no comer a lo cubano.

Javier Sánchez