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Venezuela, 27 de septiembre de 2010

RGF1 Venezuela, 27 de septiembre de 2010

Rocío Gainza F.

El 27 de septiembre Venezuela no habrá cambiado mágicamente, ninguna varita obrará un milagro durante la noche y nos hará, con sólo un chasquido, un país libre y democrático. Los precios no habrán variado de golpe en los supermercados, tampoco habrá desparecido de violencia en nuestras calles, ni a la bandera se le caerá la octava estrella.

No formulo esta afirmación con la intención de desalentar a la mayoría de venezolanos que anhelamos y trabajamos por la democracia, y que esperamos con ansias los comicios del ya cercanísimo 26 de septiembre. Lo digo con la firme convicción de que sólo a partir de expectativas realistas entenderemos la importancia de la cita a la que nos aproximamos, y del compromiso irrenunciable que tenemos de ser un electorado maduro y eficiente.

Hay varias cosas que debemos tener claras con relación a estas elecciones: en primer lugar, como cualesquiera otros comicios, éstos no se ganarán con deseos, sino con votos; en segundo lugar, tener una visión clara de cuáles son nuestros objetivos; y, finalmente, comprender la verdadera dimensión de las mismas para el funcionamiento del país.

Como cualquier competencia, las elecciones no se ganan en el campo de entrenamiento, en las caminatas, concentraciones, debates o conversaciones con amigos; las elecciones sólo se ganan en las urnas, con votos.

En este sentido, nuestro primer deber de cara al 26 de septiembre no es sólo motivar la participación, sino garantizarla. Conozcamos a los candidatos de nuestro circuito, la ubicación de la tarjeta por la cual hemos decidido votar en los tarjetones electorales, repasemos los pasos necesarios para ejercer el voto y, lo más importante, compartamos todo esto con nuestros familiares y amigos. El día electoral seamos activos, orientemos a los electores en nuestro centro de votación, movilicemos a nuestros allegados y participemos en las auditorías y actividades de custodia de las urnas.

Otro aspecto esencial es reconocer cuáles son las oportunidades de triunfo. De esto, en gran parte, dependerá que el 27 de septiembre nos despertemos optimistas, sabiéndonos un gran paso más cerca del país en el que merecemos vivir, o decepcionados e inconformes con los resultados.

Para quien espera que la alternativa democrática conquiste todos los escaños del Poder Legislativo, cualquier resultado distinto a éste lo sumirá irremediablemente en la desmotivación. No seamos víctimas del triunfalismo, reconozcamos la fortaleza del competidor y redoblemos nuestros esfuerzos por obtener el mejor resultado posible para el progreso del país.

Otro aspecto importante es que no debemos ver el 26 de septiembre como el objetivo final, sino como un capítulo esencial dentro de la lucha democrática, un nuevo punto de partida para ejercer contrapeso al proyecto comunista y alcanzar espacios de libertad.

Lo principal es que, como electores y ciudadanos, tengamos una expectativa realista y madura sobre este proceso… que el 27 de septiembre despertemos con la satisfacción de quien ha cumplido cabalmente con su deber ciudadano, con fuerzas renovadas para respaldar la labor de los recién electos diputados por la unidad y dispuestos a emprender nuevos espacios de diálogo y entendimiento para garantizar la democracia y la libertad en nuestro país.

Rocío Gainza F.