Vía central de 1º de Mayo. Antes de las 9 am. Pastelitos, tequeños y empanaditas de camarones en el calentador. Un enjambre de maracaiberos barrigones atragantados. La Coca Cola helada. El día promete lluvia. El asfalto de las calles transpira. Voy en mi moto De Caro 150. Repica el celular. Es el Director. “Me hace falta un manos libres”, pienso. Sigo y en el bolsillo el viejo teléfono pasa a vibrar como en artículo de muerte.
Entonces lo vi.
Estaba bajo la sombra de una matica después de la segunda venta de pastelitos y unas cuadras antes de la sala funeraria. Esa donde la gente va y llora y se toma un aire, un tiempito para probar “la mejor chicha de Maracaibo”. Pasé veloz. Pude observarle bien: Alirio Almao. Claro con casi dos docenas de años más, pero, igualito; mejor decir como Rafael “sigue siendo aquel”. Lentes límpidos. Mirada sana, humana, sincera. Ropa limpia y sin desmesuras. Calzados lustrados y las buenas intenciones apiladas en las manos.
Medité al verle.
No vi frente a él esas Tucson negras; las Tauros, las Terios, los Lexus, menos los emblemas japoneses. Allí bajo la matica, Alirio, había de esperar un taxi o el buen favor de un amigo que le viniese a buscar.
“Sigue siendo honesto”, dije y recordé aquellos años cuando José Semprún me dijo “ve que Alirio Almao es un alma de Dios”.
Como periodista atendí sus preocupaciones. Supe de su amor fraterno por Luis Homez y de cómo late su corazón de periodista, de poeta, de hombre noble.
Muchos de sus amigos y de quienes luchaban en su bando hoy son revolucionarios con modales, gustos y bienes burgueses; también, una buena parte cambió de bando y hoy luchan por el capitalismo, el consumismo y la empresa privada como si hubiesen sido descendientes del mismo Rockefeller.
Que Alirio no tenga un auto nuevo, ni viejo, no me alegra, no me complace… lo que me llena, lo que me contenta es que Alirio siga con el alma limpia, que sus manos amasen con dignidad el pan de cada día y, vividos los mejores años de su vida lleve la frente en alto y las ventanas del corazón abiertas sintiéndose honrado.
Me agradó ver a Alirio Almao… “hombre del alma buena”.
Josué Carrillo