Hayley es una niña de doce años que tiene el aspecto de una anciana de 96. Sufre una patología extraña llamada progeria, una enfermedad genética de la infancia que hace que su ritmo de envejecimiento sea cinco veces mayor al habitual.
El porcentaje de personas que sufre este mal es muy bajo, sólo una de cada ocho millones de personas.
Hayley sufre artritis, no tiene hambre y toma un coctel de pastillas por la mañana y otro por la noche. “A pesar de las dificultades, ella intenta disfrutar al máximo”, dice su madre.
Futuro incierto
La supervivencia, en estos casos, más allá de la adolescencia es inusual. En más del 80% de los casos la muerte se debe a complicaciones que surgen, como fallos del corazón.
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