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A 21 años de la Masacre de Tiananmen: Cuando los estudiantes chinos se revelaron al Comunismo

1014 A 21 años de la Masacre de Tiananmen: Cuando los estudiantes chinos se revelaron al Comunismo

Un joven desafía a los tanques en la plaza Tiananmen. Imagen de video - AP

A mediados de abril de 1989, algunos estudiantes chinos críticos del gobierno comenzaron a concentrarse en la plaza de Tiananmen, en Beijing. En pocas semanas, comenzaron a llegar más estudiantes, a los que se sumaron trabajadores. Los manifestantes creían que el gobierno comunista chino era demasiado opresivo y protestaban espontáneamente. Con el paso de los días el número de manifestantes crecía y  se extendía en sus demandas, exigiendo al gobierno la implementación de un sistema político más abierto y el fin de la supuesta corrupción.

El gobierno comenzó a pedir la disolución de las protestas, generando mayor confluencia de manifestantes en la plaza y provocando diferencias en el seno del Partido Comunista acerca de cómo proceder. El ala dura se impuso logrando que se decretara la ley marcial: las protestas no podían seguir creciendo. El gobierno estaba en juego.

Las tropas del Ejército se movilizaron para disolver la protesta. Los estudiantes se opusieron a que las tropas se acercaran demasiado. Un joven desafió a uno de los tanques obligándolo a retroceder. Su imagen, captada por Jeff Widener, un miembro de Associated Press (AP), dio la vuelta al mundo.

En 40 años de comunismo, la plaza de Tianamnen jamás había protagonizado una protesta tan multitudinaria. Cuando los manifestantes llegaron a un millón de personas, el gobierno decidió no esperar más, y la represión estalló. Durante la noche del 3 de junio los tanques se abalanzaron sobre la gente, y los efectivos del Ejército comenzaron a disparar sin previo aviso. Cientos de manifestantes, tal vez miles, fueron asesinados.

Testigos del horror
“Comenzamos a evacuar la plaza cuando vimos una hilera de tanques que avanzaba hacia nosotros. Uno de los tanques aplastó a 11 estudiantes. Eso lo vi con mis propios ojos”, recuerda Zhang Boli, un ex líder estudiantil. “El momento que nunca olvidaré es cuando escuché los primeros disparos. Recuerdo que miré al cielo y vi la trayectoria de las balas. Nos estaban disparando con balas de plomo”, rememora Han Dong Fan, un ex estudiante que no puede borrar de su cabeza las imágenes de aquella noche trágica.

El gobierno jamás difundió las cifras oficiales de muertos. Diversos organismos hablaron de entre 400 y 2.600 pero las autoridades dijeron que nadie había muerto en la plaza. La hipócrita declaración tuvo algo de verdad: la mayoría de los estudiantes cayeron asesinados en las calles aledañas, alcanzados por las balas policiales y militares mientras escapaban.

El miedo ganó las calles de la capital durante los días siguientes. Miles de estudiantes y activistas fueron detenidos, otros escaparon y se exiliaron en otros países.

tiananmen students A 21 años de la Masacre de Tiananmen: Cuando los estudiantes chinos se revelaron al Comunismo21 años de silencio
Hoy, a 21 años de la masacre, el gobierno chino sigue pensando que ese día se actuó en el marco de la ley y se frenó a un movimiento contrarrevolucionario que atentaba contra el gobierno y el Partido Comunista. Las autoridades consideran que si el movimiento estudiantil hubiese triunfado, China se encontraría sumida en el caos y sería el mendigo de la comunidad internacional. “Nosotros no buscábamos ese final. Éramos patriotas que queríamos saber todo lo que nos contaban de Occidente: la democracia, la libertad, otros métodos de gobierno”, aseguró Zhang Boli desde el exilio.

Amnistía Internacional y las “Madres de Tiananmen”, un grupo que nuclea a los  familiares de víctimas de la represión, exigen la apertura de una investigación judicial independiente y la rehabilitación del movimiento estudiantil.

La policía china buscó en las últimas horas evitar cualquier manifestación o muestra de  disentimiento, mientras la secretaria de Estado de Estados Unidos Hillary Clinton y hasta el presidente de Taiwán pidieron que Beijing reconociera los actos violentos de 1989.

Un opositor exiliado, famoso porque desafió en público a uno de los líderes chinos hace 21 años, no pudo regresar al país para confrontar al gobierno acerca de lo que llamó la “masacre del 4 de junio”.

Policías uniformados y de civil montaron guardia en la enorme plaza de Tiananmen y los periodistas extranjeros no pudieron llegar al lugar. Agentes de seguridad, que verificaban pasaportes, también impidieron que fotógrafos y camarógrafos de TV extranjeros entraran a la plaza para grabar el izamiento de la bandera china, que se hace todos los días al amanecer.

Las medidas extraordinarias de seguridad llegaron luego de que censores del gobierno cerraron el acceso a redes sociales y sitios de publicación de imágenes en Internet, como Twitter y Flickr, y suspendieron las transmisiones de canales de noticias extranjeros como CNN cada vez que mostraban historias sobre Tiananmén. Los disidentes conocidos fueron obligados a quedarse en casa o a dejar Beijing, como parte de los esfuerzos del gobierno para evitar debates en internet o actos conmemorativos organizados.

Fue en Hong Kong donde decenas de miles de estudiantes de diferentes universidades de la ex colonia británica recordaron la masacre en una vigilia de luz.

090526nipTiananmen 9 124300626435201800 A 21 años de la Masacre de Tiananmen: Cuando los estudiantes chinos se revelaron al ComunismoLa mascare de Tiananmen es un tema tabú para la sociedad china, que aún está más preocupada por su progreso económico, que por la revisión de su pasado cercano.  En el país no se consiguen las imágenes de la matanza y la mayoría de los estudiantes actuales no saben lo que ocurrió hace algunos años en la plaza por la que transitan todos los días.

El recuerdo de un ex soldado

La noche de la represión en Tiananmen no solo sigue viva en los sobrevivientes. También en la mente de Shijun Zhang, un ex soldado del Ejército Popular de Liberación que decidió hablar hace un año ante la prensa para “impulsar una investigación seria” acerca de lo que ocurrió en la plaza.

Zhang publicó en Internet una carta abierta al presidente chino Hu Jintao pidiendo que el gobierno revise su accionar en la plaza Tiananmen el 4 de junio de 1989.

Zhang, quien participaba en un escuadrón militar entrenado para dar respuesta rápida, describió cómo sus superiores les indicaron que desconfiaran de los manifestantes en Beijing, que reprimieran el movimiento y que avanzaran sobre la plaza para “limpiarla”. También dijo que había francotiradores en los pisos superiores de los edificios que rodean la plaza. En la entrevista el ex soldado aseguró que por haberse negado a tomar parte en la represión a su pueblo, fue enviado a un campo de trabajo forzado.

En marzo de 2009, luego de la publicación de su carta y de que diera su versión de los acontecimientos a la prensa, Shijun Zhang fue citado por la policía y se le pidió que evitara el contacto con los medios extranjeros. Unas horas más tarde su paradero fue un  misterio. Él mismo evitó seguir hablando y le dijo a los periodistas por su teléfono celular que “era conveniente no hablar”. La organización de derechos humanos Civil Rights and Livelihood Watch aseguró que Zhang fue detenido por las fuerzas policiales chinas y que nadie conoce su paradero. En su casa dicen que no lo han vuelto a ver.

A continuación un artículo publicado en 2009 en el diario español El Mundo, sobre la masacre china:

¿Masacre de Tiananmen? ¿Qué masacre?

El locutor de la BBC no había acabado la frase cuando la oscuridad se hizo en la pantalla del televisor de mi hotel. ‘Aniversario de Tianan…’. Pensé que se arreglaría dándole unos golpecitos al aparato, pero enseguida recordé dónde estaba y en qué fecha: Pekín, víspera del 20 aniversario de la masacre de Tiananmen. Casi puede uno imaginarse a los censores del Partido Comunista en su centro de operaciones, con los auriculares en la oreja y prestos para apretar el botón que corta la señal cada vez que a algún atrevido se le ocurre mencionar la palabra ‘Tianan…’.

Por supuesto, los chinos tampoco leerán sobre lo que ocurrió en la capital china el 3 de junio de 1989 en Internet o en los periódicos.

Fue el mayor movimiento por la democracia de la historia china, respondida con una de las acciones más brutales jamás cometidas por una dictadura contra su pueblo. Pero millones de chinos, gracias a la magia de la censura, ni siquiera saben que tuvo lugar. ‘Algo he oído de que había gente en la calle y les dijeron que tenían que marcharse a casa’, dice Yau, estudiante de la Universidad de Pekín.

No seré yo el que ponga en duda la efectividad de la censura local: he aquí un país donde la televisión estatal se olvida de cubrir acontecimientos de tan difícil acceso informativo para sus reporteros como el incendio de su propia sede; donde un ejército de 30.000 agentes se dedica a controlar qué leen sus ciudadanos en Internet y donde más de 2.000 periódicos salen a la calle a diario para contar que todo sigue yendo estupendo gracias a la inconmensurable generosidad y sacrificio de los camaradas del Partido. Los hay críticos con el Gobierno, pero están en la cárcel o de camino a ella.

Y así, dos décadas de manipulación en los libros de texto, documentos oficiales y medios de comunicación han logrado su propósito de ocultar a los chinos uno de los grandes crímenes de sus gobernantes o, al menos, manipular su realidad. Quienes algo saben de lo ocurrido han terminado por creer la versión de que se trató del alboroto de una panda de vándalos y que los tanques salvaron al país del desastre. Después de todo, ¿qué son unos pocos miles de muertos a cambio del bien colectivo? ¿No está justificado masacrar a inocentes para salvar a la población de esa gran amenaza que se cernía sobre la nación, también conocida como democracia? En lugar de dar explicaciones por su acción, los herederos del régimen parecen preguntarse por qué no se les muestra la gratitud suficiente.

La magia de la censura es así: convierte a héroes en villanos y en patriotas a quienes ordenan disparar a estudiantes desarmados. El problema para Pekín es que, como toda magia, también ésta tiene sus límites, empezando por su caducidad. Los líderes chinos podrán ocultar lo ocurrido en Tiananmen este año, el próximo y quizá otros cinco más. Pero tarde o temprano llegara el día en que el pueblo chino sea lo suficientemente libre como para preguntar por la verdad o escucharla sin que se corte la señal de la televisión. Mientras llega ese momento, algunos han decidido contar esa verdad aunque sea desde la tumba.

El secretario general del Partido Comunista hasta la masacre, Zhao Ziyang, ha respondido en su libro póstumo a la falacia de que el pueblo chino debe su espectacular desarrollo de los últimos años al régimen que masacró a los estudiantes. “[El Partido Comunista] alega que ha sacado de la pobreza a millones de personas, pero en verdad han salido de la pobreza ellos solos, gracias a su durísimo esfuerzo y trabajo que, en el proceso, ha catapultado a la elite a unos niveles de opulencia y poder económico sin precedentes”, escribe Zhao, que pasó los últimos 16 años de su vida bajo arresto por oponerse a la represión.

Observatorio Global/El Mundo/Otras fuentes